La silla de Marañón

Martes 17 de Abril de 2007
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(en torno a una entrevista al médico internista Rafael Lozano, por Juan Cruz, en El País del sábado 14 de Abril de 2007)

Resulta muy gratificante seguir comprobando la transversalidad de ciertos pensamientos y/o maneras de actuar que desde aquí se defienden, cuando se leen de boca de especialistas en el otro lado del espectro profesional.

Ocurre con la entrevista que Juan Cruz le realiza al internista madrileño Rafael Lozano, en una sección del suplemento de Salud llamada La silla de Marañón (“la mejor herramienta del médico, dijo Gregorio Marañón, es la silla. Ésta sección quiere recoger la voz de la medicina más humanista”). Es un nuevo elogio del adagio "apresúrate despacio" que comentábamos hace unos días (Los subrayados son míos):

“(…) (sobre el estado de salud de los españoles, donde las mujeres catalanas encabezan el ranking, żusted se lo explica?:) Claro. La dieta mediterránea, que conduce a un menor sobrepeso. Y que la vida en Cataluña es menos áspera, quizás más dulce.

(…) El pensamiento bueno nos mejora; el tajante o áspero nos afecta para mal.

(…) Hace poco tiempo he descubierto un libro de una antropóloga americana (…) que desvela la existencia de una civilización en que las relaciones sociales no eran de dominación (…) Ese escenario generó una cultura muy rica, y duró varios milenios… En esas condiciones no hay sobrealimentación, sedentarismo, ni pensamiento tiránico.

(…) Esta sociedad está totalmente enferma (…); una sociedad que se sobrealimenta muestra una señal de felicidad existencial. Por eso los animales que pierden la libertad se sobrealimentan: cuando están sueltos sólo comen lo que necesitan para vivir.

(…) Las consultas han de tener tiempo. La OMS fijó que si una consulta dura menos de 20 minutos, ni el médico ni el paciente se enteran de lo que sucede… No puede haber educación sin tiempo, ni tampoco diagnóstico (…). Soy un médico lento, practico la consulta lenta. La medicina no debe de ser lenta; la medicina y su respuesta han de ser inmediatas. Pero la consulta, la entrevista, la concentración, todo eso debe de ser llevado en medio de una medida lentitud.

(…) Se está produciendo un cambio muy importante, que es la entrada de las mujeres en la medicina. La mujer tiene la posibilidad de establecer una relación más cercana a lo que yo estoy pregonando; la mujer tiene la energía para generar esa transformación. Es una oportunidad histórica.

(…) El ojo clínico es la mezcla de la cuidadosa información y la buena observación.

(…) La enfermedad (de los pacientes) me ha enseñado a aceptar la muerte como parte del ciclo de la vida. Esto me ha permitido seguir vivo y no ser un burócrata desalmado. Un burócrata sin alma, eso es lo que nunca quise ser.”

(Sigue en L5-S1)


(Foto: Uly Martín / El País)
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