Arquitectos, el ocaso de una profesión    Imprimir

Martes 22 de Septiembre de 2009
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a No son genios lo que necesitamos ahora)

"(...) Todavía había arquitectos cuando yo estudiaba. Dibujaban con elegancia, reconocían el terreno como exploradores victorianos, examinaban los materiales al tacto y a veces al gusto (lamiendo un ladrillo medían su impermeabilidad), para ellos un paisaje era una escultura y un edificio el remate que debía glorificar ese paisaje (...)". (Félix de Azúa, en Cuando hay arquitectos amables).


1. El blindaje

¿Cuándo comenzamos a blindarnos los arquitectos? Aunque: ¿hubo algún momento en que no lo hayamos estado? Quizás los arquitectos como autores no, nunca dejaron de ser un mundo estanco y elitista; en cambio, la arquitectura, que es la disciplina que nos ocupa, sí lo fue, o lo ha sido casi siempre: anónima, humilde y paciente.

El mediocre desenlace de la negociación de nuestros planes de estudio para adaptarlos al proceso de Bolonia no es sino una más de las muestras patentes de que nuestro mundo sigue ajeno a los procesos por los que se rigen el resto de las disciplinas: "Los ingenieros nos pisarán las competencias" ... "los aparejadores podrán firmar lo mismo que nosotros pero con sólo 3 años" o "nos hemos quedado sin estudio de grado"... son las frases que nos hemos cansado de oír en los últimos meses, procedentes de las escuelas de arquitectura o de los colegios profesionales, en circulares solemnísimas firmadas por todos los ex-decanos, etc. etc.

Esta plañidera continua referente a la interferencia de otras disciplinas sobre el espacio supuestamente propio (por cierto, prácticamente idéntica a lo que oíamos como estudiantes en los años ´80), ¿no es más bien una estrategia de dispersión encaminada, primero, a camuflar la incapacidad manifiesta de los responsables de la negociación para defender los intereses principales, y segundo, a negar que... algo harán mejor esas otras profesiones para llegar a ser capaces de ocupar nuestro espacio?

Por suerte, y como en tantas otras cosas, la normativa europea ha venido al rescate de la profesión en España, al obligar a intervenir por fin contra las imposiciones de la colegiación obligatoria y sus efectos derivados, por los cuales que las empresas de arquitectura no hemos podido valernos de las herramientas que utiliza todo el mundo para ejercer la competencia (un estudio de arquitectura, por ejemplo, ¡no podía hacer publicidad!): como bien defiende Gonzalo García en Los arquitectos y el dinero, no tiene sentido fingir que seguimos gozando de unos privilegios pseudo-aristocráticos cuando estamos expuestos (como todos, o incluso más) a las inclemencias de un mundo cambiante y abierto por los cuatro costados.

Sobre el absurdo de los colegios profesionales en su formato actual, la lectura más entretenida que se puede hacer es el blog n+1, que incansablemente dispara en su diana con un tono mordaz y divertido, no exento de polémica (ver por ejemplo Congreso para-lelo.s).


2. ¿Porqué no un arte popular?

De forma muy afinada, el brillante Enric González (EG) se preguntaba en una columna reciente de El País porqué y cuándo se había producido el divorcio entre la arquitectura y la cultura popular, si es que alguna vez había existido vínculo alguno.

En un tiempo en que hasta el arte contemporáneo más transgresor puede muchas veces ser considerado como pop o mainstream, es incomprensible que no hayamos logrado encontrar para nuestra disciplina un cobijo, un epígrafe, en el magma de la cultura de masas: es cierto que existe una importante presencia mediática de los Starkitects, pero esto tiene más que ver con la adicción de los Ayuntamientos con este tipo de figuras como estrategia de promoción que con un verdadero gusto, disfrute o acerbo popular por el edificio o intervención urbana en cuestión.

Todas las especies que tienden a la endogamia acaban desapareciendo o transformándose: aislados en nuestros despachos y en las escuelas de arquitectura, no seremos capaces de recuperar el prestigio perdido hasta que no entendamos que los profanos en la materia tienen tanto derecho como nosotros a decir lo que consideran la buena o la mala arquitectura, la que les gusta o les disgusta, tal y como hace EG al proclamar a los cuatro vientos que la Casa Ugalde le parece la casa más bonita del mundo (cosa en la que, desde luego, tiene toda la razón ;)


3. Cambiar el modelo de enseñanza

Cuando se tiene 20ypocos años y se estudia en una escuela de arquitectura, lugar donde al parecer rebosa el talento y el glamour, es difícil -poco menos que imposible- autoconvencerse de que todos los profesores de proyectos que uno va teniendo están del todo equivocados: enfrente, una pequeña y modesta convicción de que las cosas son de otro modo no acaba de cobrar la fuerza suficiente como para desbancar a la duda sobre la propia capacidad, que acaba imponiéndose en un ambiente así.

Dicho de otra manera: de lo contado más arriba (y de la realidad estética de nuestras ciudades y periferia) tienen mucha culpa las escuelas de arquitectura, y en particular los Departamentos de Proyectos.

Con el paso de los años, y cuando las carambolas de la vida lo colocan a uno en el puesto de ellos (el de un profesor de proyectos), ya no se tiene empacho en constatar que (tal como le gusta repetir a un colega)... "si me explicaban una cosa una y otra vez, y yo no la entendía, no es que yo fuera tonto, sino que esa cosa simplemente estaba mal".

Cambiar la tendencia y la ideología de la enseñanza y formación de los arquitectos hacia una actividad centrada más en el oficio que en el ego supondrá en muchos casos una labor titánica; por suerte, hay excepciones: la ETSAV tuvo desde su fundación un claro modelo de colaboración interdepartamental, y su plan de estudios sigue siendo para muchos el ejemplo a seguir. A pesar de todas sus deficiencias y desajustes, ese parece ser el camino lógico, y queda pendiente ahora enlazarlo no solo con otros departamentos, sino también con otras disciplinas.


4. Architecture is 2.0

Hace no mucho una carambola en cadena (de estas tan divertidas que hacen que la blogosfera merezca la pena) llevó a una serie de personas a plantear, de golpe y abierta en canal, la disyuntiva de si la arquitectura podía y debía ser o no una disciplina participativa.

Al parecer, el hilo lo comenzó quien esto escribe con un inocente comentario a una entrada de Manu Fernández, siguendo posts (mucho más sesudos e interesantes que mi comentario) por parte de Ion Cuervas-Mons, Lourdes Bueno y Miguel Villegas, Domenico de Ecosistema Urbano, o Francesco con su muy acertado título de Architecture is not 2.0. (la recopilación se la debo al mismo Manu, y proviene de su post Esquinas Inteligentes).

La discusión coral se preguntaba, básicamente, porqué el urbanismo había transitado suavemente hacia una disciplina colaborativa (como dan fe la intensa actividad y la calidad de los blogs sobre diseño urbano y sostenibilidad), mientras que los arquitectos seguíamos, una vez más y ahora despreciando las oportunidades de las herramientas digitales, en nuestro ostracismo de marfil.

Las conclusiones de cada uno fueron diversas, todas interesantes: la mía es que (y contestando a la irónica paradoja que planteaba Francesco) la arquitectura que es, y le viene bien serlo, 2.0: es éste (el de las tecnologías en red) el único camino que se me ocurre puede desempolvarnos de una vez por todas, y hacer del proyecto un proceso colaborativo, de ida y vuelta, reiterativo y con más anonimato del autor: una cosa que nunca, por cierto, debiera haber dejado de ser así.

Las inercias que frenan un cambio son muchas: no sólo provienen de las escuelas o de los que estamos al frente de un estudio de arquitectura; a veces surgen en donde uno menos se lo esperaba, pues la estructura piramidal del trabajo ha calado (y bien) en jóvenes que, por ser nativos digitales, se suponían más abiertos a los procesos participativos y a la asunción de su cuota de responsabilidad. En el caso de nuestro estudio, la implantación de una estructura horizontal de trabajo sigue siendo, a día de hoy, un sonoro fracaso (ver Aupemos al poder blando); es seguro que esto viene causado por una serie de limitaciones propias, entre ellas probablemente una manifiesta incapacidad para delegar. No es culpa, en cambio, de una falta de voluntad por imponer dinámicas de grupo, y menos aún -mucho menos- de que la arquitectura y su proyecto no puedan convertirse en un proceso 2.0.

 

Proyecto de Tesis: aprobado    Imprimir

Martes 8 de Septiembre de 2009
Publicado en: En proceso

(Continuación a Porto Petro, hacia una nueva pedagogía)

El pasado Lunes 13 de Julio de 2009 presenté, en la ETSAB y ante tribunal, el Proyecto de Tesis de nombre El exterior como prolongación de la casa; el tribunal estaba compuesto por los profesores del Departamento de Proyectos Arquitectónicos Moisés Gallego, Jaime Ferrer y Cristina Jover, que consideraron el Proyecto y tema de Tesis como aptos, otorgándoles la calificación Excelente.

El director de la Tesis Doctoral es el profesor Carles Martí Arís; el plazo comprometido para su elaboración, de 2 años desde la aprobación del tema; la fecha de lectura deberá ser, por tanto, anterior al verano de 2011.

Ver también:
. Línea de investigación de nombre homónimo, Línea 2: El exterior como prolongación de la casa.
. Presentación defendida ante el tribunal (Descargar en Pdf 1,4 Mb).
. Y no debo olvidar: mi agradecimiento a los profesores José Fariña y Pere Fuertes, que me ayudaron a encaminar mis pasos en la buena dirección para que esta fase culminara con éxito.

(Continúa en Guzmán)


Trabajando sobre el edificio Compositor Bach, Archivo Coderch de St. Cugat (Foto: AM, circa 2006)