Y la ciudad salvó al arquitecto    Imprimir

Martes 21 de Septiembre de 2010
Publicado en: Una nueva pedagogía

(En el comienzo de un nuevo curso; continuación a Para los alumnos, sigue en San Baudelio)


1. El arquitecto

Queridos alumnos: ya en la segunda semana tras el comienzo del cuatrimestre lectivo en la ETSAV, quiero daros la bienvenida también a este espacio digital; lo que aquí se diga o hablemos (por supuesto estáis invitados a participar) debe de ser entendido como complementario y no alternativo a lo que tratemos en el aula. Lo fomenta el carácter algo clandestino que siempre tienen las relaciones en internet, que deja expresarse de forma más deshinibida y probablemente liberada de lo que permite el marco más formal y académico del aula. Y está bien que así sean las cosas, tanto en un sitio como en el otro.

Sois todos alumnos del tramo final de la carrera; algunos os encontraréis con el mundo real en tan solo 6 meses, otros a lo sumo en año y medio. Fuera, creedme, hace mucho frío, más aún del que nos hacen pasar en nuestro centro cuando nos racionan la calefacción, porque sólo eso -un ahorro en su factura de la luz- y no otra cosa es lo que se camufla tras el eufemismo "centro premiado por su gestión sostenible de recursos". A la generación que os ha precedido en la llegada al mercado de trabajo, está ahora de moda que los medios la llamen la de los Pre-parados, desde luego con excesiva condescendencia e ignorancia: pero, ¿cómo se puede dar por perdida a toda una generación por debajo de los 30?; hace falta descaro, y más si quien lo dice es un alto cargo del FMI; en cualquier caso sería como mucho una generación con 10 años perdidos, tal y como, por otro lado, acabará siendo la mía o la vuestra: todos, salvo unos cuantos, vamos a acabar perdiendo mucho tiempo cuando todo esto termine.

Pero miremos el lado bueno: la ocasión es ideal para redefinir en qué y cómo debemos trabajar los arquitectos. Aunque en parte (y esto ya se discutió en Arquitectos, el ocaso de una profesión) somos merecedores como profesión de nuestra situación actual, tan confusa ha sido durante decenios nuestra relación con el ego, tan escasa nuestra capacidad de hacernos oír como colectivo, y (lo que es peor) de demostrar que somos necesarios. La situación es delicadísima, y puesto que se trata casi más (tanto en esta profesión como en el conjunto de la sociedad) de una profunda crisis de valores que de un simple crash económico, es urgente que reformulemos un marco ético y conceptual en el que podernos mover.

Existen muchos tipos de arquitectos en el mercado de trabajo: el que acaba trabajando en la administración, el que se dedica al project management, el de perfil más técnico en lo constructivo o estructural, el que lo tiene más académico, el que hace tasaciones, etc. Y, por supuesto, el arquitecto proyectista, que parece ser el único posible para los planes de estudios, o al menos así será hasta que alguna escuela sea lo suficientemente valiente como para crear tantas líneas de especialización como las mencionadas: un camino por cierto nada tabú, y que otras profesiones llevan años aplicando con éxito en su enseñanza.


2. La transformación

Pero es precisamente el arquitecto proyectista (sin duda el perfil que tiene a priori más glamour, pero también el de más incierto futuro) el que nos une, pues tenemos entre manos un TAP (Taller de Arquitectura y Proyectos). Los proyectistas debemos ocuparnos de aquella parte de la arquitectura que ni se vende ni se compra, aquélla que no es comercial (sino cultural y de interés colectivo); eso sí, haciendo de todo ello algo que consigamos vender para ganarnos la vida; sin duda, una difícil pirueta a la que nos vemos abocados los que hemos elegido este camino.

También nos encontramos en una encrucijada desde el punto de vista teórico: tras la explosión de neutrones que supuso durante más de un siglo el Movimiento Moderno (MM), sus dogmas, sus aciertos y sus errores, ha llegado el momento ahora de abrir una tercera vía: no una que recupere acríticamente la arquitectura atemporal y su capacidad evolutiva (ya sea antigua, vernácula, o ilustrada), tampoco una que se deje seducir sin más por los innegables logros del MM en la creación de sistemas seductores y eficaces; debe ser una vía centrada en la ciudad, entendiendo que habréis/emos de trabajar desde ahora en un medio eminentemente urbano, y no urbano de nuevo desarrollo, sino urbano consolidado. La intervención en la ciudad consolidada (que no es lo mismo que la ciudad antigua: los barrios periféricos y con problemas de los años '60 son ahora ya tan consolidados como aquélla) requiere entender los mecanismos sedimentarios mediante los cuales evoluciona a lo largo del tiempo todo tejido urbano. En este sentido, conviene recordar de nuevo a Carles Martí (de quien hace tiempo que una frase alumbra, como una linterna, la sección Investigación y docencia de esta web), con esa otra en la que afirma que:

"(...) la transformación de un edificio existente resulta [así] ser un caso particular de un concepto más general de transformación que abarca todo el ámbito del proyecto arquitectónico, según el cual todo proyecto, toda nueva propuesta arquitectónica, sería el resultado de una serie de transformaciones operadas sobre otras arquitecturas, pensadas o construidas, que le sirven de fundamento (consciente o inconsciente)", presentando con ello el mundo de la arquitectura como "(...) un territorio intensamente relacionado en el cual las transformaciones son, justamente, el mecanismo que nos permite pasar de un lado a otro" (ver nota).


3. La ciudad

Con esto, la argamasa que une realidad y proceso mental, la que une diferentes arquitecturas a lo largo del tiempo, y la que consolida en suma la ciudad, resulta ser la disciplina que nos ocupa: la del Proyecto y su metodología.

Os hemos planteado como enunciado el proyecto de un nuevo aulario de uso compartido entre cuatro instituciones de gran solera (la BC, el IEC, el CSIC, y la Escola Massana) que tienen su sede en el recinto (o fincas colindantes) del antiguo Hospital de la Sta. Creu. Todo ello en pleno corazón del Raval de Barcelona, y en el solar del nº14 de la Calle Egipciaques, vacío urbano resultado de una fracasada operación de hace menos de 15 años. Debéis saber que todas las aparentes dificultades que tiene el enunciado (el depósito subterráneo de libros sobre el que os debéis levantar, el entorno urbano degradado, la proximidad de arquitecturas respetables) están elegidas conscientemente, seguros como estamos de su valor pedagógico: es vuestro turno ahora de, tras analizarlas con detalle, tomarlas todas ellas y, dándole la vuelta al calcetín, transformarlas en oportunidades y un valor añadido.

El Raval puede gustar o no (mucha gente evita frecuentarlo), pero tiene el mérito incontestable de su autenticidad y de ser el único barrio de esta ciudad que sigue ingobernable e insumiso al destino que le habían marcado los gestores de esa cosa más perversa que útil llamada la marca Barcelona. También es, creo (y aunque pueda parecer una paradoja) lo más contemporáneo de la ciudad, desde luego más que los rascacielos ensimismados del Poble Nou que se han levantado en la operación 22@, o que los nuevos barrios residenciales de la periferia, tan anodinos que hacen del anonimato su principal signo de carácter. Porque a ese cóctel (a la vez étnico -por la mezcla de razas-, funcional -por la de usos-, social -por la de clases sociales- y arquitectónico -por la convivencia entre lo antiguo y lo nuevo-) es a lo que más se va a parecer la ciudad del futuro: intervengamos entonces en ello con criterio, objetividad, y oficio, para adecentar su lado oscuro. Sobre el Raval, por cierto, creo que quedó casi todo dicho en el artículo de este blog ¡Queremos un barrio digno!, al que os remito.

Vuestro proyecto es por tanto tanto a la vez un ejercicio de edificación y de diseño urbano; de hecho, hace tiempo que dejó de tener sentido hablar de ambas disciplinas como algo segregado: ¿no es el de urbanista un título que recibimos con el nuestro, casi como de propina y muchos sin darnos cuenta, al final de la carrera? ¡Aprovechémoslo entonces! Se trata de diseñar un edificio que afecte y condicione al espacio público circundante (entendido en el sentido amplio: en toda su escala jerárquica y con todo tipo de conexiones); y se trata, no menos importante, de diseñar un espacio libre que afecte y condicione al edificio, y que no sea (como por desgracia ocurre tantas veces) el simple vacío resultante de la operación inmobiliaria. En este sentido, trabajar sobre un recinto como es el del antiguo hospital es del todo pedagógico, en su doble vertiente de arquitectura que se traba por adición a lo largo del tiempo, y que crea con su propia configuración un pedazo de ciudad.


4. La pedagogía

Y para terminar, unos breves apuntes sobre pedagogía. Como suelo decir, a nadie que se esfuerce le faltará su oportunidad para sacar adelante el curso; es ése (saber ver de forma desprejuiciada el potencial de cada uno, su singularidad, y ayudarle a que le saque provecho), y no otro, el principal mérito que debe tener un pedagogo. Eso sí, ni debe ni puede faltar vuestra parte: habréis superado ya esa actitud algo acomodaticia de las generaciones que, en las épocas de bonanza, os precedieron en estos talleres, en la que el alumno parecía ser muy consciente de sus derechos pero poco de sus deberes; habréis ignorado también el tono en exceso paternalista (ven aquí que te ayudo, que te resuelvo los problemas) que os llega desde esferas más altas de nuestras instituciones docentes, o desde los dogmáticos de la Empanada boloñesa. No: el esfuerzo es vuestro, los problemas también, y nosotros (profesores), lo mejor que nos podrá pasar es lograr poneros a funcionar a tal velocidad de crucero y nivel de autocrítica que, como decía en alguna ocasión el amigo Santiago de Molina (SdM), nos convirtamos en meros espectadores de cómo el alumno ha mutado en profesor de sí mismo; y por el camino, las discusiones que queráis, la crítica severa, y, porqué no, como también defendía hace poco el mismo SdM, la Insumisión: hacia vuestros maestros (sean quienes sean), hacia vuestros profesores (nosotros), pero sobre todo hacia cualquier principio que no hayáis hecho vuestro.

(Nota): Martí, Carlos: "El concepto de transformación como motor del proyecto", en La cimbra y el arco. Fundación Caja de Arquitectos, 2005.


5. Recursos adicionales

a) Fuera de este sitio web:
. La necesidad del espacio público (artículo en el blog de Federico Gª Barba).
. Nuevas identidades, nuevos espacios públicos (Artículo en el blog de Juan Freire).
. Un huerto en la autopista (Reseña, en este blog, de un artículo de Jacobo Armero en El País).
. La calle es una buena síntesis del mundo (Post en el blog de Rehabitar, grupo de investigación).
b) En este sitio web:
. Building Public Spaces over Inhabited Places (Reseña de una conferencia en Stuttgart).
. Pienza (post).
. Sobre la densidad (post).


Planta general del recinto del Hospital de la Sta. Creu en 1545, según Florensa