Athens in Baltimore    Imprimir

Jueves 16 de Diciembre de 2010
Publicado en: También de letras

(Continuación a NYC, Agosto 2006, sigue en Orfandad)


Series de culto y algunos clásicos greco-romanos, compartiendo alegremente estantería
 

Jornadas de rehabilitación urbana, Cuenca    Imprimir

Martes 30 de Noviembre de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a Espacios públicos sobre lugares habitados)

El pasado 25 de Noviembre de 2010 fuí invitado por el Ayuntamiento de Cuenca a impartir una ponencia con motivo de las Jornadas P.A.R San Antón (Paisaje, Arte y Regeneración, descargar programa); las jornadas tenían como objeto de estudio el barrio de San Antón de esta ciudad, con la intención de proporcionar un diagnóstico que sirviera no sólo a las propuestas del taller de máster de la ETSAM que coincidía con ellas, sino también a la actuación del propio Ayuntamiento sobre el barrio, dentro del Plan Urbana en curso, co-financiado con Fondos Feder de la UE.

Las jornadas tuvieron lugar entre los días 24 y 27 de Noviembre, y por sede el edificio de la UIMP en Cuenca. Fuimos ponentes, entre otros: Luis Moya (Catedrático de urbanismo de la ETSAM), Nicolas Gilsoul (Profesor de la Escuela de Paisaje de Versalles), Antonio Hoyuela (urbanista, coordinador del plan de San Antón, y gerente de Terysos), o yo mismo, con la conferencia "El exterior como prolongación de la casa" (descargar).

A resaltar, además, tres cosas: primero, la importancia conferida al paisaje urbano como estrategia de rehabilitación urbana, fruto del buen criterio de Danko Linder, arquitecto suizo-madrileño coordinador de las jornadas (y a quien debo agradecer calurosamente -además de al ayuntamiento- la invitación); luego, el papel otorgado (en las jornadas y en el plan) a las asociaciones de vecinos, casi siempre con criterios más pertinentes y ajustados que muchos de nosotros; y finalmente, el conocimiento e intercambio con una serie de jóvenes arquitectos involucrados en el plan, entre ellos Marta Osma y Rafaelle Buggoni, de Myra arquitectos.

Recursos adicionales:

a) En este sitio web:
. El exterior como prolongación de la casa (Línea de investigación).
. Cubierta verde, cubierta habitable (Línea de investigación).
. Sotabanco, El techo de cañizo, Capri, Un jardín en la cubierta, Roofscapes, Yo vivo solamente de los intersticios, ¡Queremos un barrio digno!, o Devolver la naturaleza a la ciudad (entradas en el blog)

b) fuera de este sitio web:
. Laboratorio San Antón (Blog de la plataforma para la acupuntura urbana).
. El perchelcuenca.blogspot.com (Blog de la asociación de vecinos de San Antón).
. Jornadas para recoger ideas (Noticia en Voces de Cuenca).
. Flores en el pelo (post en Urblog.org)

Actualización Enero 11:
Página "oficial" con los resultados del taller: Jornadas PAR San Antón (blog en WdPress).

 

4 años después    Imprimir

Martes 16 de Noviembre de 2010
Publicado en: La vida que pasa

(Continuación a Dos años después; sigue en Inside looking out)


Tráfico descendente por la C/ Balmes, desde la atracción Diábolo del Tibidabo (Foto AM, Otoño10)
 

De mudanza    Imprimir

Martes 2 de Noviembre de 2010
Publicado en: Actualidad

(Continuación a Estudio, interior)

Amigos: este estudio de arquitectura ha estado de mudanza. Deja la orilla del mar, tras seis productivos años en el barrio de La Ribera de Barcelona, para remontar montaña arriba y por encima de la Diagonal, hasta el de Sant Gervasi. Desde ayer, 1 de Noviembre de 2010, los nuevos datos de contacto, a todos los efectos, son:

. Dirección: Calle Madrazo, 102. 2º1ª. 08021 Barcelona.
. Teléfono: 93 2003488

que son los mismos que desde hoy figuran en la página Contacto de este sitio web. Permanecen inalteradas, en cambio (gran ventaja, ésta, de la era que vivimos) todas las coordenadas digitales, entre ellas este dominio y las direcciones de correo electrónico en él alojadas, y de las cuales la principal seguirá siendo info#andresmartinez.es; un buzón que pueden seguir utilizando para todos los ruegos, preguntas, quejas, sugerencias y peticiones que, por la razón que sea, no quieran hacer figurar en los hilos públicos de conversación que cuelgan de este blog. Gracias.

(Sigue en Sobre el sentir artesanal en arquitectura)

 

Gili    Imprimir

Jueves 14 de Octubre de 2010
Publicado en: En proceso

(Continuación a Guzmán; sigue en ¿Cómo investigar en un Departamento de Proyectos?)


Atrio de la Casa Gili, en la portada del nº33 de 2G (Foto © JHevia)
 

Y la ciudad salvó al arquitecto    Imprimir

Martes 21 de Septiembre de 2010
Publicado en: Una nueva pedagogía

(En el comienzo de un nuevo curso; continuación a Para los alumnos, sigue en San Baudelio)


1. El arquitecto

Queridos alumnos: ya en la segunda semana tras el comienzo del cuatrimestre lectivo en la ETSAV, quiero daros la bienvenida también a este espacio digital; lo que aquí se diga o hablemos (por supuesto estáis invitados a participar) debe de ser entendido como complementario y no alternativo a lo que tratemos en el aula. Lo fomenta el carácter algo clandestino que siempre tienen las relaciones en internet, que deja expresarse de forma más deshinibida y probablemente liberada de lo que permite el marco más formal y académico del aula. Y está bien que así sean las cosas, tanto en un sitio como en el otro.

Sois todos alumnos del tramo final de la carrera; algunos os encontraréis con el mundo real en tan solo 6 meses, otros a lo sumo en año y medio. Fuera, creedme, hace mucho frío, más aún del que nos hacen pasar en nuestro centro cuando nos racionan la calefacción, porque sólo eso -un ahorro en su factura de la luz- y no otra cosa es lo que se camufla tras el eufemismo "centro premiado por su gestión sostenible de recursos". A la generación que os ha precedido en la llegada al mercado de trabajo, está ahora de moda que los medios la llamen la de los Pre-parados, desde luego con excesiva condescendencia e ignorancia: pero, ¿cómo se puede dar por perdida a toda una generación por debajo de los 30?; hace falta descaro, y más si quien lo dice es un alto cargo del FMI; en cualquier caso sería como mucho una generación con 10 años perdidos, tal y como, por otro lado, acabará siendo la mía o la vuestra: todos, salvo unos cuantos, vamos a acabar perdiendo mucho tiempo cuando todo esto termine.

Pero miremos el lado bueno: la ocasión es ideal para redefinir en qué y cómo debemos trabajar los arquitectos. Aunque en parte (y esto ya se discutió en Arquitectos, el ocaso de una profesión) somos merecedores como profesión de nuestra situación actual, tan confusa ha sido durante decenios nuestra relación con el ego, tan escasa nuestra capacidad de hacernos oír como colectivo, y (lo que es peor) de demostrar que somos necesarios. La situación es delicadísima, y puesto que se trata casi más (tanto en esta profesión como en el conjunto de la sociedad) de una profunda crisis de valores que de un simple crash económico, es urgente que reformulemos un marco ético y conceptual en el que podernos mover.

Existen muchos tipos de arquitectos en el mercado de trabajo: el que acaba trabajando en la administración, el que se dedica al project management, el de perfil más técnico en lo constructivo o estructural, el que lo tiene más académico, el que hace tasaciones, etc. Y, por supuesto, el arquitecto proyectista, que parece ser el único posible para los planes de estudios, o al menos así será hasta que alguna escuela sea lo suficientemente valiente como para crear tantas líneas de especialización como las mencionadas: un camino por cierto nada tabú, y que otras profesiones llevan años aplicando con éxito en su enseñanza.


2. La transformación

Pero es precisamente el arquitecto proyectista (sin duda el perfil que tiene a priori más glamour, pero también el de más incierto futuro) el que nos une, pues tenemos entre manos un TAP (Taller de Arquitectura y Proyectos). Los proyectistas debemos ocuparnos de aquella parte de la arquitectura que ni se vende ni se compra, aquélla que no es comercial (sino cultural y de interés colectivo); eso sí, haciendo de todo ello algo que consigamos vender para ganarnos la vida; sin duda, una difícil pirueta a la que nos vemos abocados los que hemos elegido este camino.

También nos encontramos en una encrucijada desde el punto de vista teórico: tras la explosión de neutrones que supuso durante más de un siglo el Movimiento Moderno (MM), sus dogmas, sus aciertos y sus errores, ha llegado el momento ahora de abrir una tercera vía: no una que recupere acríticamente la arquitectura atemporal y su capacidad evolutiva (ya sea antigua, vernácula, o ilustrada), tampoco una que se deje seducir sin más por los innegables logros del MM en la creación de sistemas seductores y eficaces; debe ser una vía centrada en la ciudad, entendiendo que habréis/emos de trabajar desde ahora en un medio eminentemente urbano, y no urbano de nuevo desarrollo, sino urbano consolidado. La intervención en la ciudad consolidada (que no es lo mismo que la ciudad antigua: los barrios periféricos y con problemas de los años '60 son ahora ya tan consolidados como aquélla) requiere entender los mecanismos sedimentarios mediante los cuales evoluciona a lo largo del tiempo todo tejido urbano. En este sentido, conviene recordar de nuevo a Carles Martí (de quien hace tiempo que una frase alumbra, como una linterna, la sección Investigación y docencia de esta web), con esa otra en la que afirma que:

"(...) la transformación de un edificio existente resulta [así] ser un caso particular de un concepto más general de transformación que abarca todo el ámbito del proyecto arquitectónico, según el cual todo proyecto, toda nueva propuesta arquitectónica, sería el resultado de una serie de transformaciones operadas sobre otras arquitecturas, pensadas o construidas, que le sirven de fundamento (consciente o inconsciente)", presentando con ello el mundo de la arquitectura como "(...) un territorio intensamente relacionado en el cual las transformaciones son, justamente, el mecanismo que nos permite pasar de un lado a otro" (ver nota).


3. La ciudad

Con esto, la argamasa que une realidad y proceso mental, la que une diferentes arquitecturas a lo largo del tiempo, y la que consolida en suma la ciudad, resulta ser la disciplina que nos ocupa: la del Proyecto y su metodología.

Os hemos planteado como enunciado el proyecto de un nuevo aulario de uso compartido entre cuatro instituciones de gran solera (la BC, el IEC, el CSIC, y la Escola Massana) que tienen su sede en el recinto (o fincas colindantes) del antiguo Hospital de la Sta. Creu. Todo ello en pleno corazón del Raval de Barcelona, y en el solar del nº14 de la Calle Egipciaques, vacío urbano resultado de una fracasada operación de hace menos de 15 años. Debéis saber que todas las aparentes dificultades que tiene el enunciado (el depósito subterráneo de libros sobre el que os debéis levantar, el entorno urbano degradado, la proximidad de arquitecturas respetables) están elegidas conscientemente, seguros como estamos de su valor pedagógico: es vuestro turno ahora de, tras analizarlas con detalle, tomarlas todas ellas y, dándole la vuelta al calcetín, transformarlas en oportunidades y un valor añadido.

El Raval puede gustar o no (mucha gente evita frecuentarlo), pero tiene el mérito incontestable de su autenticidad y de ser el único barrio de esta ciudad que sigue ingobernable e insumiso al destino que le habían marcado los gestores de esa cosa más perversa que útil llamada la marca Barcelona. También es, creo (y aunque pueda parecer una paradoja) lo más contemporáneo de la ciudad, desde luego más que los rascacielos ensimismados del Poble Nou que se han levantado en la operación 22@, o que los nuevos barrios residenciales de la periferia, tan anodinos que hacen del anonimato su principal signo de carácter. Porque a ese cóctel (a la vez étnico -por la mezcla de razas-, funcional -por la de usos-, social -por la de clases sociales- y arquitectónico -por la convivencia entre lo antiguo y lo nuevo-) es a lo que más se va a parecer la ciudad del futuro: intervengamos entonces en ello con criterio, objetividad, y oficio, para adecentar su lado oscuro. Sobre el Raval, por cierto, creo que quedó casi todo dicho en el artículo de este blog ¡Queremos un barrio digno!, al que os remito.

Vuestro proyecto es por tanto tanto a la vez un ejercicio de edificación y de diseño urbano; de hecho, hace tiempo que dejó de tener sentido hablar de ambas disciplinas como algo segregado: ¿no es el de urbanista un título que recibimos con el nuestro, casi como de propina y muchos sin darnos cuenta, al final de la carrera? ¡Aprovechémoslo entonces! Se trata de diseñar un edificio que afecte y condicione al espacio público circundante (entendido en el sentido amplio: en toda su escala jerárquica y con todo tipo de conexiones); y se trata, no menos importante, de diseñar un espacio libre que afecte y condicione al edificio, y que no sea (como por desgracia ocurre tantas veces) el simple vacío resultante de la operación inmobiliaria. En este sentido, trabajar sobre un recinto como es el del antiguo hospital es del todo pedagógico, en su doble vertiente de arquitectura que se traba por adición a lo largo del tiempo, y que crea con su propia configuración un pedazo de ciudad.


4. La pedagogía

Y para terminar, unos breves apuntes sobre pedagogía. Como suelo decir, a nadie que se esfuerce le faltará su oportunidad para sacar adelante el curso; es ése (saber ver de forma desprejuiciada el potencial de cada uno, su singularidad, y ayudarle a que le saque provecho), y no otro, el principal mérito que debe tener un pedagogo. Eso sí, ni debe ni puede faltar vuestra parte: habréis superado ya esa actitud algo acomodaticia de las generaciones que, en las épocas de bonanza, os precedieron en estos talleres, en la que el alumno parecía ser muy consciente de sus derechos pero poco de sus deberes; habréis ignorado también el tono en exceso paternalista (ven aquí que te ayudo, que te resuelvo los problemas) que os llega desde esferas más altas de nuestras instituciones docentes, o desde los dogmáticos de la Empanada boloñesa. No: el esfuerzo es vuestro, los problemas también, y nosotros (profesores), lo mejor que nos podrá pasar es lograr poneros a funcionar a tal velocidad de crucero y nivel de autocrítica que, como decía en alguna ocasión el amigo Santiago de Molina (SdM), nos convirtamos en meros espectadores de cómo el alumno ha mutado en profesor de sí mismo; y por el camino, las discusiones que queráis, la crítica severa, y, porqué no, como también defendía hace poco el mismo SdM, la Insumisión: hacia vuestros maestros (sean quienes sean), hacia vuestros profesores (nosotros), pero sobre todo hacia cualquier principio que no hayáis hecho vuestro.

(Nota): Martí, Carlos: "El concepto de transformación como motor del proyecto", en La cimbra y el arco. Fundación Caja de Arquitectos, 2005.


5. Recursos adicionales

a) Fuera de este sitio web:
. La necesidad del espacio público (artículo en el blog de Federico Gª Barba).
. Nuevas identidades, nuevos espacios públicos (Artículo en el blog de Juan Freire).
. Un huerto en la autopista (Reseña, en este blog, de un artículo de Jacobo Armero en El País).
. La calle es una buena síntesis del mundo (Post en el blog de Rehabitar, grupo de investigación).
b) En este sitio web:
. Building Public Spaces over Inhabited Places (Reseña de una conferencia en Stuttgart).
. Pienza (post).
. Sobre la densidad (post).


Planta general del recinto del Hospital de la Sta. Creu en 1545, según Florensa
 

Mapa estival de lecturas    Imprimir

Martes 31 de Agosto de 2010
Publicado en: También de letras

(Continuación a Eolo)

Amigos: al parecer, los expertos consideran que debemos tener cada vez más cuidado con el manejo de nuestras identidades digitales durante los períodos de vacaciones; según Pleaserobme, dejar noticia de cuándo se cierra, a dónde se va, o lo que es peor, dónde se está en cada momento (gracias a esa herramienta de incomprensible popularidad llamada Foursquare) es una invitación directa a que a uno le desvalijen la oficina o la casa. Sirva esto para justificar la ausencia del habitual post que comunica el "cierre por vacaciones" de este Estudio, y que este año ha sido sustituido por las imágenes de la menorquina Eolo, aún en venta. Ya estamos de vuelta, y esto... no creo que entrañe riesgo comunicarlo.

Para celebrarlo, hablemos un poquito de libros. Ya expliqué en el post En casa había demasiados libros... que considero que una buena dinámica lectora, la que de verdad hace disfrutar y nos pone a las puertas de la felicidad, es aquélla que establece extrañas conexiones entre un libro y los siguientes, que tira de una soga de incierto trazado para trasladarnos de una a otra lectura, y así hasta el infinito. El hilo del que pende mi mapa actual de lecturas, el que ha formado una tupida madeja con baricentro en este largo verano, y que comienza (cómo no) en la ya lejana obsesión por Bolaño, podría tener esta configuración:

Bolaño condujo enseguida a Echevarría, del que éste es prologuista, albacea, y personaje oculto de Los detectives salvajes. Por Echevarría sentía curiosidad Elena, lo cual ya era en sí toda una garantía, y me llevó primero a Fresán, al que también había escrito un prólogo impecable, en un libro que, por cierto, también recomendaba Enrique (otra buena garantía); compré su obra de recopilación Trayecto, que me dirigió enseguida a Goytisolo, pero al bueno de los tres hermanos, y desconocido hasta la fecha para mí, Luis: no os perdáis esa obra suya estupenda que se llama Diario de 360º, extraño híbrido de fábula, ensayo y libro de memorias, alguno de cuyos comentarios ha acabado conduciéndome a Melville, y el imponente volumen de Moby Dick que hacía años dormía en mi estantería: ¡qué placer recuperar el gusto de leer una edición ilustrada!; Entre Goytisolo y Melville se han colado Enric González (cuánta melancolía camuflada de ironía en Historias de Nueva York) y Ferrater con Les dones i els dies (que se disculpa por tratar temas de lo más diverso en verso: "Pero l’autor no ha arribat encara a escriure una prosa que no tingui forma d’esponja"), cuyas conexiones dentro del mapa no logro establecer, aunque seguro que existen.

Pero si debo quedarme con solo una de estas lecturas, será con la de Melville, por eso de que tras tantas novelas de líneas argumentales divergentes, tramas desestructuradas y ejercicios de estilo, el verano agradece una que sea ortodoxa, de las de toda la vida, donde todo converge y en la que, camuflada tras la cetología o ciencia de caza de ballenas, el argumento acaba siendo el mismo de siempre:

“(...) el gracioso reposo de la línea, silenciosamente ondulante entre los remeros antes de lanzarse a la acción, contiene un terror más verdadero que cualquier otra vicisitud de esa peligrosa actividad. ¿Pero a qué decir más? Todos los hombres viven envueltos en líneas de arpones. Todos han nacido con dogales en torno al cuello; pero sólo cuando los atrapa el rápido, fulmíneo giro de la muerte advierten los silenciosos, sutiles, ubicuos peligros de la vida. Y si eres filósofo, lector, sentado en el bote ballenero no sentirías en tu corazón ni una pizca más de terror que frente al hogar, en el atardecer, con un atizador a tu lado en vez de un arpón”.

(Pág. 396 de la edición española de Debate, 2001; la imagen del destacado de la página Inicio es un detalle de una ilustración de Rockwell Kent correspondiente al capítulo La cofa, Pág. 229 )

(Sigue en Disfrutemos)


Vista de 360º en Albentosa (Teruel), por la vía verde Ojos Negros II (AM, Verano 2010)
 

Eolo    Imprimir

Martes 27 de Julio de 2010
Publicado en: Actualidad

(Continuación a Atlántico)

Menorquina, en venta. Eslora 4,99. Manga 2,10. Motor Solé Diesel 14,5 Cv. Mástil, toldo. Base actual, marina seca de Palamós (Girona). Más información a través de la sección Contacto de esta web.

(Sigue en Mapa estival de lecturas)


En dique seco: la Menorquina Eolo, el invierno pasado, en Palamós
 

Hospital    Imprimir

Martes 13 de Julio de 2010
Publicado en: Una nueva pedagogía

(Continuación a ¡Queremos un barrio digno!, hermanado con Al descubierto de La Microscopista; actualización Sept10: de este recinto se habló después en el post Y la ciudad salvó al arquitecto).


Entrada al antiguo hospital de Sta. Creu, C/ Hospital, Raval (Barcelona; foto AM, Invierno10)
 

En torno a la permanencia    Imprimir

Miercoles 23 de Junio de 2010
Publicado en: La vida que pasa

(Una reflexión para San Juan, víspera del solsticio de verano; continuación a México nos devuelve a JAM)


"Tiene ya cuarenta años: ésa es una edad crítica. Entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco, todos hemos de doblar una esquina en el camino de la vida, o bien estamparnos contra una tapia de ladrillos".
(Robertson Davies, cortesía de Enrique Ortiz)


1. La calle Ancha de la Feria

Fue justo en aquella época en que cada mañana le anunciaban el fin del mundo tal y como lo había conocido (en que los graves acontecimientos de los dos últimos años, lejos de remitir, tomaron la fuerza y velocidad de un huracán), cuando A. (A.: el Arquitecto) comenzó a fijarse con más detalle en algunas cosas que hasta entonces había tenido por evidentes, pero no lo eran.

Había adquirido A. desde hace tiempo la costumbre de bajar al mercado muy pronto la mañana del sábado, antes de que su mujer e hijos siquiera despertaran. Consideraba tal suerte vivir en la esquina de aquel viejo mercado de alimentación, que no acababa de entender la crítica y suspicacia de tantos amigos vecinos, que le incitaban a buscar lugares más económicos. ¿Más económicos? Quizás, está por demostrar, pero seguro que menos cercanos, menos naturales, más envasados y más incómodos. Además, a A. le había costado tiempo manejarse holgadamente entre los entresijos de aquél zoco como para ahora echar a perder todo ese trabajo por las opiniones de un hatajo de impacientes. Dentro del mercado, A. prefería a los tenderos que le ofrecían productos de su propia huerta: nunca se había ocupado de comprobarlo, pero le bastaban la cara curtida de su frutero, sus manos ajadas, o la cantidad de tierra que traían dentro sus espinacas para estar tranquilo sobre el origen de sus verduras. Con esto, había introducido A. en su casa unos hábitos alimenticios del todo saludables, gracias a los cuales los niños no sabían qué era un bollicao pero sí se peleaban por un plato de lentejas o garbanzos.

Observaba en el mercado A. el afanoso ir y venir de los tenderos a primera hora, los viejos muros de carga de ladrillo, las vidrieras modernistas rotas o esmeriladas, la sucia estructura de acero que en su momento fue (aún ahora) auténtica filigrana, y le venía a la cabeza una cita que le había oído a su maestro, en la que Chávez Nogales describía la infancia del torero Belmonte en Sevilla:

"(...) Juan es muy poquita cosa, y la calle, en cambio, es demasiado grande, tumultuosa y varia. Es una calle tan grande y tan varia como el mundo (...). Vive Juan en una casa de la calle Ancha de la Feria -la casa señalada con el número 72-, en la que ha nacido. Nacer en la calle Ancha de la Feria y encararse con la humanidad que hierve en ella apenas se ha cansado uno de andar a gatas y se ha levantado de manos para afrontar la vida a pecho descubierto, es una empresa heróica, que imprime carácter y tiene una importancia extraordinaria para el resto de la vida, porque súbitamente la calle ha dado al neófito una síntesis perfecta del Universo (...). [Pero] tan importante como haber nacido en la calle Ancha de la Feria es nacer en cualquiera de las quince o vente calles semejantes -no son más- que hay por el mundo (...).

Son esas calles que milagrosamente llevan varios siglos de vida intensa, sin que el volumen de su pasado las haya envejecido; son viejas y no lo parecen; sin que se les haya olvidado nada, viven una vida actual febril y auténtica, vibrando con la inquietud de todas la horas (...). Esta evolución constante le da una apariencia caótica por el choque perenne de los anacronismos y los contrasentidos, (...) todo está allí, vivo, palpitante, naciendo muriendo simultáneamente. Y así, en Sevilla como en París y en Nápoles y en Moscú. La calle es una buena síntesis del mundo. Lo que intuitivamente aprende el niño que se ha criado en su ámbito tumultuoso tardarán mucho tiempo en aprenderlo los niños que esperan a ser mayores en la desolación de los arrabales recientes o en el fondo de los viejos parques solitarios". (1)

Insistía el maestro de A.: en estas líneas se percibía una profunda idea de unidad, de manera que la complejidad de la situación no desembocaba en confusión, sino en orden. Era una lección, aclaraba, de la que debían tomar nota los arquitectos -como él-, "(...) cuya tarea no era otra cosa que presentar un escenario que acogiera la vida y le permitiera desarrollarse, hacer posible que elementos diversos coexistan vinculándose todos ellos a través de la aspiración de unidad" (2). El mercado, asimilado a la calle, no sólo como fuente de abastecimiento, sino como génesis primigenia de la ciudad.


2. El príncipe de Dinamarca

Fue justo por entonces cuando A. tuvo la fortuna de poder asistir a una representación de Hamlet que tenía lugar bajo las bóvedas góticas del antiguo hospital de tuberculosos de la ciudad, ahora utilizado como biblioteca nacional; gran aficionado al teatro (como en el mercado, sospechaba que todos aquellos que lo repudiaban tan fácimente lo hacían más por ignorancia que por convicción), y gustoso siempre de ver montajes de sus dos autores favoritos (W.Sh. y A.Ch.: consideraba que en ellos se encontraba la explicación a casi todos los misterios del mundo), A. -que había perdido una oportunidad un verano atrás- no desaprovechó la ocasión y acudió puntual y en buena compañía a la nave gótica. Mientras escuchaba ausente las palabras del Príncipe de Dinamarca se preguntaba cómo era posible que todo sonara tan actual, vigente y robusto, tan apropiado al apocalipsis que parecía cernirse afuera:

"(...) ¿Es más noble sufrir calladamente / los golpes y flechas de una suerte indigna, / o alzarse en armas contra un mar de adversidades, / y eliminarlas combatiendo? Morir, dormir: nada más... / Y si durmiendo se borran todos los males del corazón / y los estigmas heredados por la carne, / ¿qué desenlace no puede ser más deseado? / (...) / Porque éste es el obstáculo: no saber / qué sueños acompañarán al sueño eterno / una vez liberados de esta piel mortal / es lo que nos frena y haga que concedamos / tan larga vida a las calamidades. / ¿Porqué aguantar sino el escarnio de este tiempo, / el yugo de los opresores, el agravio de los soberbios, / el amor burlado, la lentitud de la justicia / el orgullo de quien tiene un cargo / o el desdén de los ineptos por el mérito paciente (...)? / ¿Quién arrastraría el peso de tan pesado fardo / de una vida de sudores y plañideras, / si no fuese por el temor de alguna cosa / más allá de la muerte, aquél país inexplorado del cual / no vuelve nunca ningún viajero (...)? (3)

Mecido por el verso y entre el polvo que levantaban los actores (el suelo era... ¡de albero!), A. fijó la vista en la clave de los arcos medievales, tan tendidos que desafiaban casi a la ley de la gravedad -desde luego a las técnicas de su época- y pensó que ya se encontraban allí, imperturbables y antes, mucho antes incluso de W.Sh.

3. Digital y artesano

Llevaba varios años A. viviendo con su familia en uno de aquellos pisos que sólo se podían encontrar en esa su ciudad adoptiva: baldosas hidráulicas con dibujos inverosímiles, techos altísimos y artesonados, unas galería, vidrios de plomo en cada ventana. Se trataba de un caserón destartalado y enorme que se resistían a abandonar, a pesar de sus incomodidades, porque los niños crecían y corrían en él libres y felices, quizás también porque la vida en común estaba ya inseparablemente asociada a esas paredes. Un día después del teatro se fijó A. en uno de esos vidrios de plomo: seguro que no cumplía ningún requerimiento técnico de los actuales, que dejaba pasar el frío y el ruido, pero el caso es que ese humilde material, rugoso e irregular y que, como en el callejón de los espejos, deformaba la vista de la calle tras él, debía llevar ahí al menos 100 años; ¿porqué este vértigo, esta velocidad -se decía-, si esta frágil insignificancia ha superado una guerra, una posguerra, dos dictaduras -una de ellas de 40 años-, tantas cosas...?

En su trabajo, y por circunstancias que no vienen al caso, el arquitecto A. se había quedado desfasado -a pesar de no ser mayor, aunque tampoco, ya, joven- de ciertas técnicas de dibujo asistido que, perplejo, veía manejar a sus alumnos con increíble soltura. No es que denostara (como sí hacían algunos compañeros) las técnicas modernas, sus aplicaciones y potencial: al contrario, se consideraba bastante pionero en la gestión digital de la información y en trabajar casi sin papeles. Pero A. dibujaba a mano, a mano y a escala, en un proceso iterativo de ida y vuelta entre su tablero de dibujo y el ordenador de sus compañeros más jóvenes; hacía tiempo que estaba convencido que esto, que comenzó como una limitación, era ahora una virtud, pues le impedía generar documentos más deprisa de lo que su mente y el proyecto buenamente permitían. Tan convencido estaba, que colgó como máxima bajo puerta de su estudio (artesano y digital) el lema de Aldo Manuzio Festina Lente (Apresúrate despacio, o cómo lo importante es la velocidad de reacción, y no vivir acelerado), e hizo suya las insignias que lo simbolizaban: el ancla y el delfín, o el cangrejo y la mariposa. ¡Qué gran paradoja!, que al final lo más rabiosamente moderno acabe provocando una Vuelta a la artesanía.


4. El príncipe de Salina

Fue también por entonces cuando cayó en sus manos, en una de estas ediciones paupérrimas de películas clásicas que regalan los diarios, una adaptación al cine de Visconti sobre El Gatopardo; el libro seminal de Lampedusa lo había comprado A. tiempo atrás, en un precioso volumen de cubierta naranja, en una librería de Palermo; había llegado a leer algo, pero al poco tiempo -descubiertas las limitaciones de su italiano, sobre el que había pecado de demasiado optimista- lo había acabado archivando en su biblioteca, en esa estantería donde sólo cabían los libros que sabía que contenían tesoros y que habría que retomar más tarde. Gracias a Visconti, el arquitecto retomó el Gatopardo; como ya le ocurrió al escuchar al Príncipe de Dinamarca, no pudo sino sorprenderse al leer las palabras de Fabrizio, Príncipe de Salina, tratando de explicar a un piemontés la esencia del alma siciliana, el porqué de ese "algo debe de cambiar para que todo siga igual":

Chevalley [el piemontés]: "Este estado de las cosas no durará; nuestra administración, nueva, ágil, moderna, cambiará todo".

Fabrizio Salina: "Todo esto no debiera poder durar; pero durará, y siempre; el siempre humano, bien entendido, un siglo, dos siglos...; y después será diferente, pero peor. Nosotros fuimos los gatopardos, los leones; los que nos sustituyan serán los chacales, las hienas; y todos ellos, gatopardos chacales y ovejas, continaremos creyéndonos la sal de la tierra" (4).

¿Cuál debe de ser nuestro tiempo, cómo de rápida nuestra velocidad? se decía -algo angustiado- A. ¿La del Príncipe de Salina, la del de Dinamarca? O, en cambio ¿el vértigo que le imponían desde fuera y que le abotaba la mente? O quizás... ¿la de esas arquitecturas no por habituales y modestas menos permanentes que ahora había aprendido a observar? Aún confuso, pero intuyendo cuál era la respuesta, A. cogió su lápiz, dibujó: justo a la velocidad que le mandaba su mente; es decir, lento. Aunque no debía salir tarde: a la mañana siguiente le esperaba el mercado, y las espinacas llenas de tierra.

(Sigue en Tras los pasos de Josef K.)

..........................................................

. Notas 1 y 2: Martí Arís, Carlos: "Tres paseos por las afueras". Publicacions de la Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 2008. Págs. 13 a 17.
. Nota 3: Acto 3º, escena 1, traducido y subrayado libremente sobre una versión en catalán de Joan Sellent para la compañía La Perla 29. Barcelona, 2009. Pág. 37.
. Nota 4: Traducido y subrayado, también libremente, de la página 185 de: Lampedusa, Guisepe Tomasi: "Il gatopardo" (conforme al manuscrito de 1957). Feltrinelli. Milán, 2002.


Calle con mercado, el príncipe de Lampedusa, el príncipe de Dinamarca (montaje AM, Verano10)
 

Un huerto en una autopista    Imprimir

Martes 15 de Junio de 2010
Publicado en: Actualidad

(Continuación a Un premio)

Estupendo artículo (leer versión digital) del amigo Jacobo Armero (ver su blog Emetreinta, su otro blog Zona Levante Almeriense) para el suplemento Babelia de El País del 29 de Mayo de 2010, donde además tiene la amabilidad de citarme a raíz del parque lineal High Line en NYC.

Relacionado con esto:
. Devolver la naturaleza a la ciudad (post).
. Parques agrarios metropolitanos (post).
. Las escalas del espacio libre (Línea de investigación).
. Territorios fibrosos (post en el blog de Federico García Barba)

(Sigue en Presentación en Valencia)


Hidetoshi Ohno: proyecto FiberCity para Tokio. Fuente: elpais.com
 

Estudio, distribución    Imprimir

Martes 1 de Junio de 2010
Publicado en: En proceso

(Continuación a Plano de distribución)

Ver también: ubicación, interior, equipo.

(Sigue en Estudio: planta)


Distribución de la 4ª planta de la antigua Fonda Rius (Croquis AM, Primavera 10)
 

Estudio, interior    Imprimir

Martes 18 de Mayo de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a Donde empezó todo)

Ver también: ubicación, distribución, equipo.

(Sigue en De mudanza)


Interior del 4º piso de la Fonda Rius, puerta 1ª, en la Primavera de 2010 (Foto AM)
 

2 Planes Territoriales en Asturias    Imprimir

Martes 4 de Mayo de 2010
Publicado en: Actualidad

(Continuación a Devolver la naturaleza a la ciudad)

Nuestro Estudio de arquitectura forma parte de un equipo transdisciplinar al que han sido adjundicados en Enero de 2010 los Planes Territoriales Especiales del Medio y Alto Nalón, y del Narcea, en el Principado de Asturias.

La empresa titular de la adjudicación es la consultora dedicada a la ordenación del territorio y el medio ambiente Cota Ambiental S.L.P.

Los componentes del equipo redactor somos, entre otros:

. Rafael Mata: director técnico.
. Antonio Prieto y Santiago Fernández: coordinadores.
. Andrés Martínez: arquitectura y urbanismo.
. Pedro Molina: biogeografía de las riberas.
. Jorge Agudo: abogado.

Los Planes Territoriales son herramientas de planeamiento de muy reciente aplicación en la legislación española; tienen como triple objetivo coordinar las figuras de planeamiento locales a escala supramunicipal, atender a cuestiones paisajisticas y de gestión del terriotorio, y definir las premisas de una nueva relación entre el medio urbano y el rural. Estaremos ocupados en la redacción de ambos planes durante buena parte de los próximos meses.

Línea de investigación relacionada: Las escalas del espacio libre.

(Sigue en Pallars Jussà)


Parcelario en el núcelo de S. Pedro de Corias, Narcea (Fuente: Sede Electrónica de Catastro)
 

L5-S1    Imprimir

Martes 20 de Abril de 2010
Publicado en: También de letras

Healing Through Disease (Continuación a La silla de Marañón)


"(...) Según cuenta su último biógrafo, Le Corbusier pasó los años finales de su vida con una vértebra humana colgada del cuello. Dicen que al morir su mujer se procedió a la incineración, pero de modo inexplicable entre las cenizas apareció una vértebra intacta. Una vértebra es un elemento perfecto para ilustrar la tarea del arquitecto. La columna vertebral, esa sinusoide flexible formada por pequeñas piezas de prodigioso diseño, debería figurar en el escudo de armas de los arquitectos".

Félix de Azúa: Cuando hay arquitectos amables (también reseñado en Arquitectos, el ocaso de una profesión)



L5-S1 es el espacio articular entre la vértebra más baja de la sección lumbar de la columna (L5) y la más alta del sacro (S1). Lo siento por Azúa y Le Corbusier, pero pienso que algo debió de ir mal en el camino de evolución del homínido desde las cuatro patas hasta la bipedestación. ¿"(...) Sinusoide flexible formada por pequeñas piezas de prodigioso diseño"? Estáis de broma: nadie puede decir esto si analiza con calma la L5-S1, verdadera chapuza evolutiva, disco débil donde los haya pues con un espacio y forma idénticos a sus vecinos tiene que asumir cargas y flexiones 20 veces mayores.

Hace ahora 8 años, AM (el Arquitecto Martínez, el Artista Madridista) empezó a sentir una pequeña molestia a la altura de la espalda, sección lumbar, que fue rápidamente degenerando, a lo largo de 3 años más, en un agudo dolor, primero, y en una parálisis incapacitante, después. Comenzó entonces su peregrinación por médicos y terapeutas de especialidades sobre cuya existencia, hasta entonces, sólo tenía remoto conocimiento, a veces desconocimiento total. Traumatólogos, reumatólogos, neurocirujanos, osteópatas, homeópatas... aunque AM creía haber tenido criterio hasta ese momento para distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo regular y lo peor, ahora todo parecía valer con tal de aliviar la tormenta de dolor que le asediaba día y noche. Con un problema, o mejor dicho, dos: a pesar de que el diagnóstico era claro y bastante unánime (discopatía severa a nivel L5-S1), las soluciones que le proponían eran del todo divergentes; desde las cirugías extremas con medio año de recuperación en la cama, hasta el "no hacer nada y aguantar", pasando por experimentales y dudosas inyecciones de gases extraños como el ozono. Y todo ello trufado con conversaciones del todo surrealistas (¿eres paracaidista? porque ésta es una lesión típica de paracaidistas...) Y lo que es peor: ninguna de las terapias, ninguna de las soluciones parecía servir para hacer remitir en nada el dolor. El paciente convertido en médico de cabecera, teniendo que distinguir y elegir entre especialistas carísimos... enfin, un desastre.

Cuando este viaje en el sentido inverso al de la evolución (de erguido a acostado, del tablero de dibujo a la cama) parecía no tener fin, AM tuvo la suerte (sí, existe) de encontrarse en su camino al Dr. R., neurólogo especializado en el tratamiento del dolor. Su receta era sencilla: primero hay que desbloquear los mecanismos del dolor, hay que devolver el cuerpo a una posición y comportamiento antiálgico, engañar a las reacciones de defensa, tanto nerviosas como musculares; sólo así podremos empezar una terapia manual y una reeducación del comportamiento que servirá para estabilizar la situación. Y su terapia fue de choque, pues comenzó con unos derivados opiáceos (que producían tal sensación de dulzura que AM aún los sigue añorando a día de hoy) y siguió con una ingeniosa intervención llamada rizólisis, que consistió en destruir, mediante radiofrecuencia introducida por unas cánulas al nivel articular, la rama de los nervios que sirve para transmitir el dolor (y eso sin interferir en las dos otras, las de la tracción y el tacto). Escéptico por su experiencia y por su intuición (¿es prudente quitar los testigos de una grieta en un edificio con patologías evidentes?), AM se dejó hacer, una vez más.

Como los golpes de suerte nunca vienen solos, al poco tiempo (y cuando los efectos secundarios de la intervención -un inquietante hormigueo en las piernas- aún estaban presentes) AM acabó cayendo en las manos del fisoterapeuta J. Respecto a sus antecesores, la originalidad del fisioterapeuta J. consistía en aunar las técnicas occidentales con orientales (el recurso a la acupuntura para las peores crisis era siempre infalible), y las elásticas (la fisioterapia tradicional) con las más mecánicas (las de la osteopatía). El encuentro (felizmente coincidente, aunque no relacionado) de ambas personas (R. y J.) supuso para el maltrecho AM un punto de inflexión radical: el dolor comenzó a remitir de forma acelerada, y pudo ir recuperando sus responsabilidades (profesionales y paternas) de forma paulatina; y no sólo eso.

Escarmentado por el suplicio de los años pasados, AM empezó a cuidar mejor la alimentación; perdió con ello algo de peso; comenzó a hacer ejercicio, tanto camino de la oficina con su recién estrenada bicicleta, como en sesiones semanales de natación (práctica que había odiado hasta entonces) en las que el entrenador M. le enseñó que la diferencia entre un mamífero de tierra y otro de agua (o anfibio) era más una cuestión de técnica (técnica depurada, eso sí) que de verdadera anatomía, esa anatomía que había estado en el origen de su fallo.

Por entonces, AM reseñó un interesante artículo de prensa dedicado al Doctor L. (La silla de Marañón), personaje que daba con sus palabras una verdadera lección de cómo debiera de ser la medicina que él hubiera necesitado encontrarse (humanista, humana y transversal). Como en casa de herrero, cuchillo de palo, el Doctor L. falleció -demasiado joven- al poco tiempo de esa reseña (descargar necrológica), como si no hubiera querido aplicarse sus propias recetas de longevidad, o quien sabe, esas recetas tuvieran más de bonita quimera que de realidad.

La revisión. Hace no mucho, el fisioterapeuta J. pidió a AM de que se realizara una nueva prueba diagnóstica, para cuantificar con imágenes el nivel de la recuperación de la lesión: una cosa -la recuperación- que a efectos empíricos resultaba evidente (quién te ha visto y quién te ve), pero de la cual AM no quería ni oír hablar: pruebas de nuevo, ¡no, por favor! Déjenme disfrutar. Y hace bien poco, después de una concienzuda estrategia de persuasión, aprovechando el tiempo de conversación de las sesiones de rehabilitación, J. acabó convenciéndole. Señores: contra todo pronóstico (y esto no lo tenían previsto ninguna de las técnicas que se barajaron, que aspiraban como mucho a una estabilización), el disco intervertebral L5-S1 se ha recuperado al doble de su tamaño de hace 4 años. Healing through disease; la curación a través y gracias a la enfermedad.

 

El meandro (Miravet en 2010)    Imprimir

Martes 6 de Abril de 2010
Publicado en: La vida que pasa

(Continuación a Miravet en 2007)


El meandro del Ebro en Miravet, visto desde lo alto del castillo templario (Foto AM, Primavera 2010)
 

Guzmán    Imprimir

Lunes 22 de Marzo de 2010
Publicado en: En proceso

(Continuación a Proyecto de Tesis: aprobado)

"(...) Lo bueno de hoy en día es que podemos hacer casa abierta, abierta, que se cierre, cierre. Parece que es una tontería pero así es, esa es la gran novedad. Estar dentro de tu casa y que en ella penetre el jardín, que no pises raya al pasar sobre ese dentro-fuera. Vienen después todas esas otras cosas de situación de cota para vistas, dominio, recogimiento, etc. Es importantísimo sentirse bien dentro de toda ella, en cada rincón (...)"

(De la memoria original de la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota, en Algente -Madrid-, 1973; sigue en Gili)


Secuencia de espacios intermedios en la Casa Guzmán (Foto AM, Invierno 2010)
 

Arquitectura es I+D+i    Imprimir

Martes 2 de Marzo de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

¿Qué evita que de una vez por todas los proyectos de arquitectura se puedan entender como procesos de I+D+i? En una era en que hasta la industria del calzado o las cooperativas agrícolas (por hablar de dos sectores singulares cualesquiera) tienen estrategias de investigación y desarrollo, los arquitectos seguimos sin saber ver el filón de oportunidad que la evolución hacia la economía de las ideas ofrece a nuestra disciplina.

La culpa es en parte de la inercia con que se sigue moviendo esta profesión, muy especialmente de las escuelas de arquitectura. A ellos (los departamentos, también los colegios profesionales) ha llegado el momento de decirles: señores, menos estética y más ética, menos ideas y más metodología.

Quien haya optado alguna vez a incentivos públicos para investigación (nosotros lo hicimos en Tipología Vs. Tecnología) fácilmente se habrá dado cuenta que el proyecto de arquitectura, tal y como ya existe y está pautado, cuadra bastante bien en las fases y el método demostrativo que cualquiera de esos formularios requiere demostrar.

Y luego está la diferencia entre tipo y modelo, tan cara a mi querido director de tesis. Nos han enseñado durante años que cada uno de nosotros debíamos crean con cada proyecto un modelo único, y no: lo que debíamos es aplicarnos en el desarrollo humilde de un tipo, en una fase más de un proceso de evolución (lentísimo) de las tipologías que nos supera en su dimensión temporal. Hablar de tipo y modelo (lenguaje tan arquitectónico), ¿es realmente tan diferente a la separación que se hace en las industrias punteras (automóvil, sin ir más lejos) entre prototipo y producto hecho en serie? Probablemente no.

Luego está la cuestión de la linealidad del encargo: debemos olvidar que un edificio resulta de UN encargo que UN cliente, privado o público, hace a UN equipo o arquitecto; a partir de ahora, las cosas serán más complicadas (¿por suerte o desgracia?) y será difícil distinguir los encargos públicos de los privados, por es probable que ambos sectores se involucren en procesos comunes, cada uno en su momento, como por cierto viene pasando en muchos otros campos productivos desde hace tiempo.

Parece que el gobierno español apuesta ahora de nuevo por la construcción como salida a la galopante recesión: como nunca es tarde si la dicha es buena para hacer las cosas bien, y como sigue siendo necesario relanzar un sector (el inmobiliario privado) que prácticamente ha desaparecido en los dos últimos años, ésta (el I+D+i inmobiliario desde un punto de vista tipológico, no el de los materiales de construcción) parece ser la vía.


Matriz de proyecto como proceso I+D+i presentada en Stuttgart (May09, ampliar)
 

Para los alumnos    Imprimir

Martes 16 de Febrero de 2010
Publicado en: Una nueva pedagogía

(en el comienzo de un nuevo curso. Continuación a ¡Qué pena de escuela!)


1. Una explicación sobre compartimentos estancos

Queridos alumnos:

ayer comenzamos un nuevo cuatrimestre lectivo en el TAP (Taller de Arquitectura y Proyectos), letra D, de nuestra escuela común, ETSAV. Como los vínculos que se suelen establecer entre nuestro contacto docente real y la presencia de cada uno en esta nube que es Internet son casi siempre clandestinos (y está bien que así sea: aquí se llega generalmente por azar, unos salen espantados, otros se quedan, algunos repiten), debo daros en este sitio también la bienvenida, aunque sea un espejo (quizás algo deformado) de lo que también cuente en el aula.

Un curso, por definición, debe de ser un compartimento estanco, tanto en el tiempo como en su contenido: después de él, difícilmente profesor y alumnos volverán a tener contacto alguno; tampoco antes, en la gran mayoría de los casos, lo han tenido. Y como en la clandestinidad de los contactos virtuales, también está bien que sea de esta manera. Todo el mundo (incluido el profesor) llega con las mismas oportunidades, y se la juega entera en el período exacto que transcurre entre el primer y el último día de curso; poco importa el historial previo que uno traiga, ni sus intenciones o ambiciones para después, pues todos empezamos de nuevo a cada vez, y con el contador a cero.

La docencia, y más la universitaria, está hecha de deberes y derechos en las dos direcciones: el profesor tiene la obligación de encender la chispa de la curiosidad y la motivación; la de ser, como un juez, lo más imparcial que pueda en la evaluación; la de ser clarísimo sobre cuáles son las reglas por las que se regirá el curso; también, la de saber ver en cada alumno su especificidad y cualidades, y saber conducirle por aquel lugar por el que sepa aprovecharlas mejor. El alumno, por su lado, tiene que respetar esas reglas por las que se rige el curso; pero sobre todo tiene que esforzarse: se habla mucho ahora de "recuperar la cultura del esfuerzo" y pienso que en los buenos proyectistas esa cultura nunca se ha diluido, porque es inherente a su actividad. Como decía un colega al final del curso pasado, el resultado tras la lucha a cara de perro con el problema/proyecto probablemente tendrá heridos (cuando el resultado no sea el esperado) o incluso bajas (los suspensos), pero no se podrá decir que nadie que se haya esforzado no haya tenido su oportunidad.

El alumno también deberá saber perfilar una metodología de trabajo propia. Los profesores propondremos una (que son esas pautas por las que se ordena el curso) y que creemos es la válida en cuanto a ritmo, fases, y estrategias: está hecha para que la pongáis en duda, eso sí, planteando siempre una alternativa. En las fructíferas discusiones ajenas a la arquitectura que por suerte se han sucedido en este blog se ha hablado mucho del antagonismo entre la trama y el estilo en literatura (ver aquí y aquí); lo vuestro durante el desarrollo de este curso se le parecería mucho, pues poco importará la trama (el resultado formal del proyecto) si el estilo (el método, la permeabilidad a lo ajeno y la capacidad de autocrítica) es original y valiente.


2. Unos apuntes sobre pedagogía

Para bien y para mal, la escuela en que impartimos estos talleres es bastante singular, y no sólo respecto a su hermana mayor (ETSAB), sino también al conjunto de las españolas. Entre sus pecualiaridades destacar dos: una se debe a su circunstancia, y es su reducido tamaño (el ser una escuela pública con un tamaño de centro privado), y la otra a su ideología, y trata del carácter multidepartamental en la enseñanza de los proyectos (algo de esto se habló en este blog en el post Arquitectos, el ocaso de una profesión). Ninguna de las dos son cosas habituales, creedme, así que aprovechémoslas al máximo mientras duren.

Cuando yo estudiaba en la ETSAM los alumnos discutíamos mucho sobre la contradicción y probable incompatibilidad entre que un buen profesor fuera un buen arquitecto, y viceversa. Ahora, si tuviera que elegir, me quedaría con lo primero y me fijaría poco en lo segundo. Es evidente que es difícil enseñar cirugía si uno no se enfrenta habitualmente a la mesa de operaciones (los términos, muy acertados, son los de una discusión que caló bastante hondo en nuestra propia escuela hace unos 4 años); pero lo que verdaderamente importa es la vocación pedagógica del profesor, y esto no se nos pregunta a ninguno en las oposiciones a plazas ni en comisión de evaluación: pero... oiga, ¿le gusta a usted dar clases, cuál es su teoría pedagógica, cuál su vocación? En este sentido espero no defraudar, y respecto al otro (el de la mesa de operaciones, también importante) aquí tenéis, en el resto de pestañas de esta página, el resultado: probablemente modesto pero siempre honesto.


3. Y unas palabras sobre el enunciado

Para finalizar, permitidme unas líneas sobre el enunciado y el edificio con el que os tendréis que pelear este curso. Tenéis como cometido ampliar mediante una remonta y en dos plantas el singular edificio que Domènech i Montaner (DiM) construyó para la Editorial Montaner i Simó a finales del s. XIX en pleno corazón del Ensanche de Barcelona. Deberéis llevaros bien con la preexistencia (no sólo el DiM, sino sus transformaciones sucesivas), analizarla por los cuatro costados, ver cuáles son las leyes (compositivas, estructurales, funcionales) que lo vertebran; todo ello no quita que, desde el principio, podáis tergiversarla, modificarla o violentarla a vuestro gusto, aunque sin perderle el respeto, y siempre que la coherencia del resultado final lo justifique.

(Sigue en Y la ciudad salvó al arquitecto)


Elegante remonta contemporánea sobre un chalet racionalista en la C/ Vitrubio de Madrid (Foto AM)
 

¡Queremos un barrio digno!    Imprimir

Martes 2 de Febrero de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a Porqué nos sigue gustando La Rambla)


1. Éste es un tiempo extraño

Sí, es un tiempo sumamente extraño éste que vivimos: la realidad se nos transmite por oleadas sucesivas, en unas especies de tsunamis informativos monotemáticos, en dosis difíciles de soportar y que arrinconan todo lo demás; duran a lo sumo, una o dos semanas, miren sino quién habla ya de la triste tragedia de Haití ocurrida hace tres. Porqué esto es así y a quién conviene no queda claro (la ganancia es probablemente repartida), pero el caso es que las instancias que no gobiernan hace tiempo que han aprendido la lección: cuando un tema comprometido está en el candelero, lo mejor que se puede hacer es aguantar el chaparrón con la cabeza baja y promesas de higiene, que en un par de semanas la tormenta ya se habrá trasladado a otra parte.

Para quien no conozca bien la ciudad mediterránea en que vivo, el Barrio del Raval (antiguo Chino) es el que queda a la derecha de Las Ramblas, según se baja hacia el puerto. Un barrio de tamaño considerable en pleno centro de la ciudad. Barcelona vive, desde hace algunos años y de forma periódica al final de cada verano, una de estas oleadas informativas en que todos los focos (no solo de la ciudad, sino del país entero) se fijan durante unos días sobre un tema concreto: si hace un par de años el escándalo fue sobre la suciedad y el colapso turístico, al final del verano pasado tuvo que ver con la prostitución ejercida en pleno espacio público. Denominador común: la degradación urbana; lugar común: el centro histórico de la ciudad.

Si la primera crisis se saldó con operaciones extra de baldeo de las calles durante un tiempo, la segunda lo fue con una apabullante presencia policial en las calles que duró un par de meses. Pero, aparte de soluciones de tránsito, ¿no deberíamos preguntarnos -también como arquitectos y urbanistas- cuáles son los problemas estructurales de ese barrio que impiden que salga de su historial de marginalidad y crimen?

Vaya por delante el elogio. Al contrario que su hermano gótico al otro lado de La Rambla, entregado por completo al turismo, el Raval sigue manteniendo un carácter interesantísimo de barrio, en el mejor sentido de la palabra: aún muy residencial, es una coctelera multicultural que bien podría valer en muchas cosas como ejemplo de integración; es humilde aunque orgulloso: en ningún otro sitio he oído defender el concepto de barrio con tanto ahínco como ahí. ¿Qué lo sigue condenando al fracaso?

El Raval ha sido el territorio mítico de perdición de la literatura barcelonesa de todos los tiempos. En él se perdía Teresita Serrat (La Teresa de Últimas tardes... de Marsé) con sus amigos en las salidas fuera de las zonas más altas de la ciudad; en él suceden casi íntegramente todas las novelas canallas del reciente y tristemente fallecido Francisco Casavella, que lo hacía llamar por sus personajes (a los que, por otro lado, nunca se les ocurría salir de allí) El Barrio, a secas; en él crecieron, y de sus orígenes se mostraron siempre orgullosos, Terenci Moix, Vázquez Montalbán o Maruja Torres, entre otros. Alguna vez habría que analizar qué tipo de favor (si es que alguno) le ha hecho a El Barrio tan noble leyenda literaria, o si, más bien al contrario, de su malditismo real puede tener algo de culpa esta reputación en la ficción.


2. Gentrification

De toda aquella oleada de indignación popular de finales del verano del 2009 sólo resultó pedagógica, y extremadamente crítica, la opinión de un pequeño puñado de escritores, todos ellos residentes en el barrio; y de ella destaca especialmente el brillante artículo de Javier Calvo (JC) El Raval, un barrio prostituido, del que les recomiendo la lectura completa si tienen un poco de tiempo: su contenido no tiene pérdida, y no hay una palabra que sobre. Entre sus acertadas explicaciones, JC resalta el sonado fracaso del proceso de gentrificación que, en su opinión, habrían llevado a cabo sobre el barrio las élites municipales: una premeditada labor de sustitución de la población original pues...

"(...) No es ningún secreto que desde que (...) el Ayuntamiento de Barcelona iniciara el 'asalto' a la ciudad sin ley del Raval (...) las intervenciones urbanísiticas han buscado con ansia ese patrón bien conocido de lo que en inglés se llama 'gentrification', término acuñado en 1964 (...) para describir la expulsión de la humilde población autóctona de los Docklands londinenses y su reemplazo higiénico por una nueva población de clase media".

Hasta que, como no podía ser de otra manera, al sueño le llegó el despertar amargo:

"(...) Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama resistencia de la urbe, la 'gentrification' empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales en la Rambla del Raval. El hotel Barceló se levantó, sí, pero permanece semivacío (...) aislado en medio del área musulmana del barrio, saludablemente inhóspita a sus pretensiones. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron (...) Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas (...), ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse. ¿Justicia poética? ¿Maldición?".


3. Ecosistemas urbanos y mezcla de usos

Es sintomática la utilización en varias ocasiones por parte de JC del concepto ecosistema. Aunque un ecosistema en precario, ese parecía ser el verdadero valor de El Barrio antes de las estrategias de transformación: un complicado sistema de relaciones y dependencia mutua, tejido con esfuerzo y tiempo entre población local e inmigrante, entre los usos residencial y comercial, prácticamente autónomo (por puro abandono) de los poderes municipales. ¿Cabe definición más bella de lo que tiene y debe ser un barrio, una ciudad en suma? Sin embargo, el concepto no es nuevo, y es triste constatar que hay que seguir reivindicando aún hoy la vigencia de las teorías que a principios de los '60 postulara Jane Jacobs contra las equivocaciones (o perversiones) del planeamiento urbano:

"(...) un solo principio emerge de manera tan ubicua, y de formas tan diferentes y tan complejas (...): [se trata de] la necesidad de las ciudades de una diversidad de usos más intrincada y de menor grano, que dé a cada uno un apoyo mutuo constante, tanto económica como socialmente (...). Creo que áreas que suponen fracasos urbanos adolecen de alguna manera de este soporte mutuo intrincado, y que la ciencia del planeamiento urbano y el arte del diseño urbano, en la vida real y en nuestras ciudades, deben de convertirse en la ciencia y el arte de catalizar y nutrir estas relaciones de pequeña granulometría. Creo que existen cuatro condiciones principales que generan diversidad urbana que sea útil en las grandes ciudades, y que al inducir deliberadamente estas cuatro condiciones, el planeamiento puede acabar incentivando la vitalidad urbana". (en The Death and Life of Great American Cities)

¿Qué había que desmontar entonces en el Raval? ¿Porqué ese miedo, pues, a un ecosistema al que sólo había que ayudar a dignificarse mediante inversiones en cultura, equipamiento, y rehabilitación de la parte insalubre del parque de viviendas? ¿Sólo el poder del capital? O quizás también, ¿temor al empoderamiento ciudadano de la vida urbana, como Juan Freire explica siempre que debe de caracterizar a todo espacio colectivo para convertirse en un procomún, desde el espacio público analógico de la ciudad al digital de Internet? (leer Cultura digital en la ciudad contemporánea: nuevas identidades, nuevos espacios públicos).


4. Una centralidad nunca conseguida

También hay, creo, un tema interesante de diseño urbano a la hora de explicar el reiterado fracaso del experimento Raval en Barcelona. Se trata de la disyuntiva, algo esquizofrénica, entre la centralidad y carácter periférico del barrio. Recordemos que, hace varios siglos, el Raval era la periferia fuori le muri de la ciudad, al otro lado de las murallas (las primeras) que se situaban en la actual Rambla. Esto le confirió al caserío y al tejido de calles un carácter arrabalario del que aún no se ha desprendido, y que por otra parte le confiere parte de su encanto. Aunque la segunda muralla lo alojó en su interior y su derribo la posterior expansión a su alrededor del ensanche Cerdà lo recolocó en posición central, nunca ha llegado a tener una verdadera centralidad respecto al conjunto de la ciudad.

Y no sólo es por la posición próxima a la montaña de Montjuïc (de la que sólo le separa el barrio -también abandonado- del Pueblo Seco), sino, sobre todo, la falta de elementos de gravedad que tiren de él al otro lado (el de Montjuïc); es muy didáctica la comparación con La Ribera. Hace no tanto tan degradado como el propio Raval, la recuperación del Borne en todos los sentidos (limpieza, actividad comercial, restauración del caserío) se puede explicar en gran parte, en mi opinión, porque se encontraba a mitad de camino entre el centro y una serie de intervenciones de rehabilitación urbana que, esas sí, fueron incentivadas con éxito por los planeadores: y pienso fundamentalmente en la recuperación del litoral, más allá de la Barceloneta.

¿No sería ocasión de recuperar el Raval... mirando más allá de sus límites? ¿De crear unos focos de atracción que lo hagan necesario de cruzar y utilizar por flujos urbanos no exclusivamente de barrio, básicamente en su parte trasera, en el Pueblo Seco, y en un nuevo acceso hacia la Montaña de Montjuïc desde el centro? Lo que se tiene planeado puede parecer lo mismo, pero no lo es: la operación puesta en marcha ahora para "hacer más permeable" el barrio en el Sur, con tal de permitir la entrada fácil de turismo desde la nueva dársena de cruceros, está condenada al fracaso, pues sólo crea circulación y relación en un sentido (del turismo hacia la ciudad) y no en el contrario, tampoco flujos interurbanos, y lo que es más grave, es una vez más una estrategia de monocultivo que ignora casi por completo el carácter diverso y tremendamente heterogéneo (aquéllo que lo hace un ecosistema) de El Barrio.

(Sigue en Hospital)


Un paseo por el Raval: reivindicación, hacinamiento, nuevas intervenciones (Fotos, montaje: AM 2010)