Estudio, interior    Imprimir

Martes 18 de Mayo de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a Donde empezó todo)

Ver también: ubicación, distribución, equipo.


Interior del 4º piso de la Fonda Rius, puerta 1ª, en la Primavera de 2010 (Foto AM)
 

Arquitectura es I+D+i    Imprimir

Martes 2 de Marzo de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

¿Qué evita que de una vez por todas los proyectos de arquitectura se puedan entender como procesos de I+D+i? En una era en que hasta la industria del calzado o las cooperativas agrícolas (por hablar de dos sectores singulares cualesquiera) tienen estrategias de investigación y desarrollo, los arquitectos seguimos sin saber ver el filón de oportunidad que la evolución hacia la economía de las ideas ofrece a nuestra disciplina.

La culpa es en parte de la inercia con que se sigue moviendo esta profesión, muy especialmente de las escuelas de arquitectura. A ellos (los departamentos, también los colegios profesionales) ha llegado el momento de decirles: señores, menos estética y más ética, menos ideas y más metodología.

Quien haya optado alguna vez a incentivos públicos para investigación (nosotros lo hicimos en Tipología Vs. Tecnología) fácilmente se habrá dado cuenta que el proyecto de arquitectura, tal y como ya existe y está pautado, cuadra bastante bien en las fases y el método demostrativo que cualquiera de esos formularios requiere demostrar.

Y luego está la diferencia entre tipo y modelo, tan cara a mi querido director de tesis. Nos han enseñado durante años que cada uno de nosotros debíamos crean con cada proyecto un modelo único, y no: lo que debíamos es aplicarnos en el desarrollo humilde de un tipo, en una fase más de un proceso de evolución (lentísimo) de las tipologías que nos supera en su dimensión temporal. Hablar de tipo y modelo (lenguaje tan arquitectónico), ¿es realmente tan diferente a la separación que se hace en las industrias punteras (automóvil, sin ir más lejos) entre prototipo y producto hecho en serie? Probablemente no.

Luego está la cuestión de la linealidad del encargo: debemos olvidar que un edificio resulta de UN encargo que UN cliente, privado o público, hace a UN equipo o arquitecto; a partir de ahora, las cosas serán más complicadas (¿por suerte o desgracia?) y será difícil distinguir los encargos públicos de los privados, por es probable que ambos sectores se involucren en procesos comunes, cada uno en su momento, como por cierto viene pasando en muchos otros campos productivos desde hace tiempo.

Parece que el gobierno español apuesta ahora de nuevo por la construcción como salida a la galopante recesión: como nunca es tarde si la dicha es buena para hacer las cosas bien, y como sigue siendo necesario relanzar un sector (el inmobiliario privado) que prácticamente ha desaparecido en los dos últimos años, ésta (el I+D+i inmobiliario desde un punto de vista tipológico, no el de los materiales de construcción) parece ser la vía.


Matriz de proyecto como proceso I+D+i presentada en el Congreso de Stuttgart (May09)
 

¡Queremos un barrio digno!    Imprimir

Martes 2 de Febrero de 2010
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a Porqué nos sigue gustando La Rambla)


1. Éste es un tiempo extraño

Sí, es un tiempo sumamente extraño éste que vivimos: la realidad se nos transmite por oleadas sucesivas, en unas especies de tsunamis informativos monotemáticos, en dosis difíciles de soportar y que arrinconan todo lo demás; duran a lo sumo, una o dos semanas, miren sino quién habla ya de la triste tragedia de Haití ocurrida hace tres. Porqué esto es así y a quién conviene no queda claro (la ganancia es probablemente repartida), pero el caso es que las instancias que no gobiernan hace tiempo que han aprendido la lección: cuando un tema comprometido está en el candelero, lo mejor que se puede hacer es aguantar el chaparrón con la cabeza baja y promesas de higiene, que en un par de semanas la tormenta ya se habrá trasladado a otra parte.

Para quien no conozca bien la ciudad mediterránea en que vivo, el Barrio del Raval (antiguo Chino) es el que queda a la derecha de Las Ramblas, según se baja hacia el puerto. Un barrio de tamaño considerable en pleno centro de la ciudad. Barcelona vive, desde hace algunos años y de forma periódica al final de cada verano, una de estas oleadas informativas en que todos los focos (no solo de la ciudad, sino del país entero) se fijan durante unos días sobre un tema concreto: si hace un par de años el escándalo fue sobre la suciedad y el colapso turístico, al final del verano pasado tuvo que ver con la prostitución ejercida en pleno espacio público. Denominador común: la degradación urbana; lugar común: el centro histórico de la ciudad.

Si la primera crisis se saldó con operaciones extra de baldeo de las calles durante un tiempo, la segunda lo fue con una apabullante presencia policial en las calles que duró un par de meses. Pero, aparte de soluciones de tránsito, ¿no deberíamos preguntarnos -también como arquitectos y urbanistas- cuáles son los problemas estructurales de ese barrio que impiden que salga de su historial de marginalidad y crimen?

Vaya por delante el elogio. Al contrario que su hermano gótico al otro lado de La Rambla, entregado por completo al turismo, el Raval sigue manteniendo un carácter interesantísimo de barrio, en el mejor sentido de la palabra: aún muy residencial, es una coctelera multicultural que bien podría valer en muchas cosas como ejemplo de integración; es humilde aunque orgulloso: en ningún otro sitio he oído defender el concepto de barrio con tanto ahínco como ahí. ¿Qué lo sigue condenando al fracaso?

El Raval ha sido el territorio mítico de perdición de la literatura barcelonesa de todos los tiempos. En él se perdía Teresita Serrat (La Teresa de Últimas tardes... de Marsé) con sus amigos en las salidas fuera de las zonas más altas de la ciudad; en él suceden casi íntegramente todas las novelas canallas del reciente y tristemente fallecido Francisco Casavella, que lo hacía llamar por sus personajes (a los que, por otro lado, nunca se les ocurría salir de allí) El Barrio, a secas; en él crecieron, y de sus orígenes se mostraron siempre orgullosos, Terenci Moix, Vázquez Montalbán o Maruja Torres, entre otros. Alguna vez habría que analizar qué tipo de favor (si es que alguno) le ha hecho a El Barrio tan noble leyenda literaria, o si, más bien al contrario, de su malditismo real puede tener algo de culpa esta reputación en la ficción.


2. Gentrification

De toda aquella oleada de indignación popular de finales del verano del 2009 sólo resultó pedagógica, y extremadamente crítica, la opinión de un pequeño puñado de escritores, todos ellos residentes en el barrio; y de ella destaca especialmente el brillante artículo de Javier Calvo (JC) El Raval, un barrio prostituido, del que les recomiendo la lectura completa si tienen un poco de tiempo: su contenido no tiene pérdida, y no hay una palabra que sobre. Entre sus acertadas explicaciones, JC resalta el sonado fracaso del proceso de gentrificación que, en su opinión, habrían llevado a cabo sobre el barrio las élites municipales: una premeditada labor de sustitución de la población original pues...

"(...) No es ningún secreto que desde que (...) el Ayuntamiento de Barcelona iniciara el 'asalto' a la ciudad sin ley del Raval (...) las intervenciones urbanísiticas han buscado con ansia ese patrón bien conocido de lo que en inglés se llama 'gentrification', término acuñado en 1964 (...) para describir la expulsión de la humilde población autóctona de los Docklands londinenses y su reemplazo higiénico por una nueva población de clase media".

Hasta que, como no podía ser de otra manera, al sueño le llegó el despertar amargo:

"(...) Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama resistencia de la urbe, la 'gentrification' empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales en la Rambla del Raval. El hotel Barceló se levantó, sí, pero permanece semivacío (...) aislado en medio del área musulmana del barrio, saludablemente inhóspita a sus pretensiones. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron (...) Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas (...), ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse. ¿Justicia poética? ¿Maldición?".


3. Ecosistemas urbanos y mezcla de usos

Es sintomática la utilización en varias ocasiones por parte de JC del concepto ecosistema. Aunque un ecosistema en precario, ese parecía ser el verdadero valor de El Barrio antes de las estrategias de transformación: un complicado sistema de relaciones y dependencia mutua, tejido con esfuerzo y tiempo entre población local e inmigrante, entre los usos residencial y comercial, prácticamente autónomo (por puro abandono) de los poderes municipales. ¿Cabe definición más bella de lo que tiene y debe ser un barrio, una ciudad en suma? Sin embargo, el concepto no es nuevo, y es triste constatar que hay que seguir reivindicando aún hoy la vigencia de las teorías que a principios de los '60 postulara Jane Jacobs contra las equivocaciones (o perversiones) del planeamiento urbano:

"(...) un solo principio emerge de manera tan ubicua, y de formas tan diferentes y tan complejas (...): [se trata de] la necesidad de las ciudades de una diversidad de usos más intrincada y de menor grano, que dé a cada uno un apoyo mutuo constante, tanto económica como socialmente (...). Creo que áreas que suponen fracasos urbanos adolecen de alguna manera de este soporte mutuo intrincado, y que la ciencia del planeamiento urbano y el arte del diseño urbano, en la vida real y en nuestras ciudades, deben de convertirse en la ciencia y el arte de catalizar y nutrir estas relaciones de pequeña granulometría. Creo que existen cuatro condiciones principales que generan diversidad urbana que sea útil en las grandes ciudades, y que al inducir deliberadamente estas cuatro condiciones, el planeamiento puede acabar incentivando la vitalidad urbana". (en The Death and Life of Great American Cities)

¿Qué había que desmontar entonces en el Raval? ¿Porqué ese miedo, pues, a un ecosistema al que sólo había que ayudar a dignificarse mediante inversiones en cultura, equipamiento, y rehabilitación de la parte insalubre del parque de viviendas? ¿Sólo el poder del capital? O quizás también, ¿temor al empoderamiento ciudadano de la vida urbana, como Juan Freire explica siempre que debe de caracterizar a todo espacio colectivo para convertirse en un procomún, desde el espacio público analógico de la ciudad al digital de Internet? (leer Cultura digital en la ciudad contemporánea: nuevas identidades, nuevos espacios públicos).


4. Una centralidad nunca conseguida

También hay, creo, un tema interesante de diseño urbano a la hora de explicar el reiterado fracaso del experimento Raval en Barcelona. Se trata de la disyuntiva, algo esquizofrénica, entre la centralidad y carácter periférico del barrio. Recordemos que, hace varios siglos, el Raval era la periferia fuori le muri de la ciudad, al otro lado de las murallas (las primeras) que se situaban en la actual Rambla. Esto le confirió al caserío y al tejido de calles un carácter arrabalario del que aún no se ha desprendido, y que por otra parte le confiere parte de su encanto. Aunque la segunda muralla lo alojó en su interior y su derribo la posterior expansión a su alrededor del ensanche Cerdà lo recolocó en posición central, nunca ha llegado a tener una verdadera centralidad respecto al conjunto de la ciudad.

Y no sólo es por la posición próxima a la montaña de Montjuïc (de la que sólo le separa el barrio -también abandonado- del Pueblo Seco), sino, sobre todo, la falta de elementos de gravedad que tiren de él al otro lado (el de Montjuïc); es muy didáctica la comparación con La Ribera. Hace no tanto tan degradado como el propio Raval, la recuperación del Borne en todos los sentidos (limpieza, actividad comercial, restauración del caserío) se puede explicar en gran parte, en mi opinión, porque se encontraba a mitad de camino entre el centro y una serie de intervenciones de rehabilitación urbana que, esas sí, fueron incentivadas con éxito por los planeadores: y pienso fundamentalmente en la recuperación del litoral, más allá de la Barceloneta.

¿No sería ocasión de recuperar el Raval... mirando más allá de sus límites? ¿De crear unos focos de atracción que lo hagan necesario de cruzar y utilizar por flujos urbanos no exclusivamente de barrio, básicamente en su parte trasera, en el Pueblo Seco, y en un nuevo acceso hacia la Montaña de Montjuïc desde el centro? Lo que se tiene planeado puede parecer lo mismo, pero no lo es: la operación puesta en marcha ahora para "hacer más permeable" el barrio en el Sur, con tal de permitir la entrada fácil de turismo desde la nueva dársena de cruceros, está condenada al fracaso, pues sólo crea circulación y relación en un sentido (del turismo hacia la ciudad) y no en el contrario, tampoco flujos interurbanos, y lo que es más grave, es una vez más una estrategia de monocultivo que ignora casi por completo el carácter diverso y tremendamente heterogéneo (aquéllo que lo hace un ecosistema) de El Barrio.

(Sigue en Hospital)


Un paseo por el Raval: reivindicación, hacinamiento, nuevas intervenciones (Fotos, montaje: AM 2010)
 

Arquitectos, el ocaso de una profesión    Imprimir

Martes 22 de Septiembre de 2009
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a No son genios lo que necesitamos ahora)

"(...) Todavía había arquitectos cuando yo estudiaba. Dibujaban con elegancia, reconocían el terreno como exploradores victorianos, examinaban los materiales al tacto y a veces al gusto (lamiendo un ladrillo medían su impermeabilidad), para ellos un paisaje era una escultura y un edificio el remate que debía glorificar ese paisaje (...)". (Félix de Azúa, en Cuando hay arquitectos amables).


1. El blindaje

¿Cuándo comenzamos a blindarnos los arquitectos? Aunque: ¿hubo algún momento en que no lo hayamos estado? Quizás los arquitectos como autores no, nunca dejaron de ser un mundo estanco y elitista; en cambio, la arquitectura, que es la disciplina que nos ocupa, sí lo fue, o lo ha sido casi siempre: anónima, humilde y paciente.

El mediocre desenlace de la negociación de nuestros planes de estudio para adaptarlos al proceso de Bolonia no es sino una más de las muestras patentes de que nuestro mundo sigue ajeno a los procesos por los que se rigen el resto de las disciplinas: "Los ingenieros nos pisarán las competencias" ... "los aparejadores podrán firmar lo mismo que nosotros pero con sólo 3 años" o "nos hemos quedado sin estudio de grado"... son las frases que nos hemos cansado de oír en los últimos meses, procedentes de las escuelas de arquitectura o de los colegios profesionales, en circulares solemnísimas firmadas por todos los ex-decanos, etc. etc.

Esta plañidera continua referente a la interferencia de otras disciplinas sobre el espacio supuestamente propio (por cierto, prácticamente idéntica a lo que oíamos como estudiantes en los años ´80), ¿no es más bien una estrategia de dispersión encaminada, primero, a camuflar la incapacidad manifiesta de los responsables de la negociación para defender los intereses principales, y segundo, a negar que... algo harán mejor esas otras profesiones para llegar a ser capaces de ocupar nuestro espacio?

Por suerte, y como en tantas otras cosas, la normativa europea ha venido al rescate de la profesión en España, al obligar a intervenir por fin contra las imposiciones de la colegiación obligatoria y sus efectos derivados, por los cuales que las empresas de arquitectura no hemos podido valernos de las herramientas que utiliza todo el mundo para ejercer la competencia (un estudio de arquitectura, por ejemplo, ¡no podía hacer publicidad!): como bien defiende Gonzalo García en Los arquitectos y el dinero, no tiene sentido fingir que seguimos gozando de unos privilegios pseudo-aristocráticos cuando estamos expuestos (como todos, o incluso más) a las inclemencias de un mundo cambiante y abierto por los cuatro costados.

Sobre el absurdo de los colegios profesionales en su formato actual, la lectura más entretenida que se puede hacer es el blog n+1, que incansablemente dispara en su diana con un tono mordaz y divertido, no exento de polémica (ver por ejemplo Congreso para-lelo.s).


2. ¿Porqué no un arte popular?

De forma muy afinada, el brillante Enric González (EG) se preguntaba en una columna reciente de El País porqué y cuándo se había producido el divorcio entre la arquitectura y la cultura popular, si es que alguna vez había existido vínculo alguno.

En un tiempo en que hasta el arte contemporáneo más transgresor puede muchas veces ser considerado como pop o mainstream, es incomprensible que no hayamos logrado encontrar para nuestra disciplina un cobijo, un epígrafe, en el magma de la cultura de masas: es cierto que existe una importante presencia mediática de los Starkitects, pero esto tiene más que ver con la adicción de los Ayuntamientos con este tipo de figuras como estrategia de promoción que con un verdadero gusto, disfrute o acerbo popular por el edificio o intervención urbana en cuestión.

Todas las especies que tienden a la endogamia acaban desapareciendo o transformándose: aislados en nuestros despachos y en las escuelas de arquitectura, no seremos capaces de recuperar el prestigio perdido hasta que no entendamos que los profanos en la materia tienen tanto derecho como nosotros a decir lo que consideran la buena o la mala arquitectura, la que les gusta o les disgusta, tal y como hace EG al proclamar a los cuatro vientos que la Casa Ugalde le parece la casa más bonita del mundo (cosa en la que, desde luego, tiene toda la razón ;)


3. Cambiar el modelo de enseñanza

Cuando se tiene 20ypocos años y se estudia en una escuela de arquitectura, lugar donde al parecer rebosa el talento y el glamour, es difícil -poco menos que imposible- autoconvencerse de que todos los profesores de proyectos que uno va teniendo están del todo equivocados: enfrente, una pequeña y modesta convicción de que las cosas son de otro modo no acaba de cobrar la fuerza suficiente como para desbancar a la duda sobre la propia capacidad, que acaba imponiéndose en un ambiente así.

Dicho de otra manera: de lo contado más arriba (y de la realidad estética de nuestras ciudades y periferia) tienen mucha culpa las escuelas de arquitectura, y en particular los Departamentos de Proyectos.

Con el paso de los años, y cuando las carambolas de la vida lo colocan a uno en el puesto de ellos (el de un profesor de proyectos), ya no se tiene empacho en constatar que (tal como le gusta repetir a un colega)... "si me explicaban una cosa una y otra vez, y yo no la entendía, no es que yo fuera tonto, sino que esa cosa simplemente estaba mal".

Cambiar la tendencia y la ideología de la enseñanza y formación de los arquitectos hacia una actividad centrada más en el oficio que en el ego supondrá en muchos casos una labor titánica; por suerte, hay excepciones: la ETSAV tuvo desde su fundación un claro modelo de colaboración interdepartamental, y su plan de estudios sigue siendo para muchos el ejemplo a seguir. A pesar de todas sus deficiencias y desajustes, ese parece ser el camino lógico, y queda pendiente ahora enlazarlo no solo con otros departamentos, sino también con otras disciplinas.


4. Architecture is 2.0

Hace no mucho una carambola en cadena (de estas tan divertidas que hacen que la blogosfera merezca la pena) llevó a una serie de personas a plantear, de golpe y abierta en canal, la disyuntiva de si la arquitectura podía y debía ser o no una disciplina participativa.

Al parecer, el hilo lo comenzó quien esto escribe con un inocente comentario a una entrada de Manu Fernández, siguendo posts (mucho más sesudos e interesantes que mi comentario) por parte de Ion Cuervas-Mons, Lourdes Bueno y Miguel Villegas, Domenico de Ecosistema Urbano, o Francesco con su muy acertado título de Architecture is not 2.0. (la recopilación se la debo al mismo Manu, y proviene de su post Esquinas Inteligentes).

La discusión coral se preguntaba, básicamente, porqué el urbanismo había transitado suavemente hacia una disciplina colaborativa (como dan fe la intensa actividad y la calidad de los blogs sobre diseño urbano y sostenibilidad), mientras que los arquitectos seguíamos, una vez más y ahora despreciando las oportunidades de las herramientas digitales, en nuestro ostracismo de marfil.

Las conclusiones de cada uno fueron diversas, todas interesantes: la mía es que (y contestando a la irónica paradoja que planteaba Francesco) la arquitectura que es, y le viene bien serlo, 2.0: es éste (el de las tecnologías en red) el único camino que se me ocurre puede desempolvarnos de una vez por todas, y hacer del proyecto un proceso colaborativo, de ida y vuelta, reiterativo y con más anonimato del autor: una cosa que nunca, por cierto, debiera haber dejado de ser así.

Las inercias que frenan un cambio son muchas: no sólo provienen de las escuelas o de los que estamos al frente de un estudio de arquitectura; a veces surgen en donde uno menos se lo esperaba, pues la estructura piramidal del trabajo ha calado (y bien) en jóvenes que, por ser nativos digitales, se suponían más abiertos a los procesos participativos y a la asunción de su cuota de responsabilidad. En el caso de nuestro estudio, la implantación de una estructura horizontal de trabajo sigue siendo, a día de hoy, un sonoro fracaso (ver Aupemos al poder blando); es seguro que esto viene causado por una serie de limitaciones propias, entre ellas probablemente una manifiesta incapacidad para delegar. No es culpa, en cambio, de una falta de voluntad por imponer dinámicas de grupo, y menos aún -mucho menos- de que la arquitectura y su proyecto no puedan convertirse en un proceso 2.0.

 

Porqué nos sigue gustando La Rambla    Imprimir

Viernes 26 de Junio de 2009
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a ¿Qué le pasa a Barcelona?)

Cuentan los cuadernillos locales de la prensa nacional (el Cataluña de El País, el Vivir de La Vanguardia) que en la ciudad mediterránea en que vivo, icono del turismo mundial en el Siglo XXI, existe un lugar donde al llegar la noche se pueden vivir aún aventuras increíbles dignas de la novela más sórdida de Vázquez Montalván (leer noticias aquí y aquí). Lateros, trapicheo de todas las drogas posibles, prostitución consumada en plena calle, robos de diverso alcance... se adueñan al parecer de La Rambla al caer la oscuridad.

Como mi responsabilidad actual de trabajoso padre me impide por lo general visitar el lugar a tal hora, me quedo con mis paseos diurnos, en bici o a pie y camino del trabajo, y me dispongo a escribir un breve elogio en toda regla... seguro que del todo extemporáneo.

Sobre la degradación de Las Ramblas y calles que se le asoman no debemos asombrarnos: siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, y le es inherente; Félix de Azúa lo explicaba muy bien hace un tiempo aludiendo a que, por orografía y proximidad portuaria, aquél había sido y seguiría siendo el desagüe donde acababan confluyendo los flujos traseros y más indignos del conjunto de la ciudad.

Oriol Bohigas se lamentaba en cierta ocasión (con razón, aunque -asombrosamente- sin sentirse en absoluto responsable) de que La Rambla estaba pereciendo bajo el doble monocultivo del turismo de chancleta y fin de semana, y bajo el monopolio premeditado del uso peatonal: como todos los monocultivos, se decía, el de los peatones es también pernicioso, si a un sitio se le quita un cierto mix funcional con otras actividades y medios de transporte.

No obstante, y a pesar de todo ello, La Rambla sigue aguantando, y descubriéndose por momentos (hay que saber elegir el momento del día, eso sí) como el paseo perfecto. ¿Qué la hace tan especial? Creo que la clave de su éxito como espacio público reside en que se den a la vez los siguientes tres factores:

. sección: como en todos los espacios públicos lineales de calidad, la sección de La Rambla es a la vez constante (la división en dos aceras, dos carriles de tráfico, y un bulevar central con al menos 60% de la superficie) y cambiante; desde Canaletas hasta Colón, su perfil se estrecha y ensancha un gran número de veces, aunque sin perder la proporción entre las partes.

. continuidad: al contrario que su prolongación noble hacia la montaña (Rambla de Cataluña), La Rambla supone, en su andén central, un paseo continuo y lineal de casi 4 kilómetros, sin interrupción alguna para el peatón, sin semáforos ni pasos de cebra, y -esto es crucial- de traza no recta, sino sucesivamente quebraba.

. topografía: contra lo que pueda parecer, La Rambla no es plana, ni mucho menos. Tiene en todo su recorrido una suave pendiente, descendiente desde la ciudad hacia el puerto, nunca superior a lo que resulta cómodo para el paseo (¿6... 7%?), lo cual la hace claramente mejor; y lo que es más importante, es una pendiente cambiante, por momentos más plana y otros más inclinada.

No hace falta ni mencionar lo imprescindible que resulta el arbolado (aunque maltratado, forma una hermosa bóveda continua de principio a fin), y tampoco es desdeñable la muy acertada colocación de los elementos de mobiliario urbano (prensa, flores, y demás), siempre alternados al tresbolillo, o el diseño del pavimento y el abombamiento de la calzada. Pero, como ya vimos en La calle perfecta de Alberti en Pienza, la verdadera calidad del espacio urbano -y este no es sino un ejemplo más que lo corrobora- viene dada por una sabia combinación de todos los factores que contribuyen a la forma, alternando lo general con lo singular, lo constante con lo levemente cambiante: cuestiones todas ellas, queridos amigos, que no nos son ajenas, ni mucho menos, a los técnicos que tenemos encomendado el diseño del espacio público. Y es gracias a esto, y a nada más, a lo que el paseo sigue manteniendo su magnetismo intacto, y seguirá sobreviviendo a las sucesivas maldiciones que le vayan siendo encomendadas.

Actualización en Septiembre 2009: aunque un poco off-topic respecto a los temas aquí tratados, es interesante reseñar los artículos recientes aparecidos sobre La Rambla; al pasar el verano, la situación de degradación parece haberse acrecentado de manera alarmante y rápida -y desde luego bastante asqueante-; ver sino las noticias en prensa de Agosto y Septiembre: noticia 1, noticia 2, , noticia 3. Es lo que tiene dedicarse a convertir una ciudad en una marca, un concepto que por definición alude a lo subjetivo e intangible, y que cada uno acaba interpretando como le place: se promueve algo como un destino "guay" y de diseño, y se acaba uno convirtiendo en... un destino de turismo sexual. Sobre todo esto, lo mejor que se ha escrito en mucho tiempo es el artículo de Enric González La fiesta fingida.

(Sigue en ¡Queremos un barrio digno!)


El comienzo de Las Ramblas visto desde Canaletas, al principio de la Primavera de 2009 (Foto AM)
 

¿Tiene Madrid un skyline?    Imprimir

Miercoles 14 de Enero de 2009
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a ¿Houston o Dubai?)

La liebre la hizo saltar José Fariña en su entrada La silueta urbana de Madrid: tras la construcción de las 4 torres del Norte de la Castellana, ¿tiene Madrid un skyline, en el sentido americano del término? Con su rigor y prurito habitual (que le lleva a descartar -con razón- el término inglés en favor del español que titula el post), acaba argumentando que no, que este nuevo perfil urbano es bastante sui-generis, y por motivos diversos: entre otros, por hallarse desviado respecto al eje principal de la ciudad y por estar desprovisto de centralidad alguna...

Suscribí en comentarios a esa entrada todas sus razones y añadí una más: la diferencia sustancial con el perfil de un downtown americano (y Manhattan es quizás el menos representativo, lo son más en cambio los de ciudades más banales, como Houston) era que el madrileño carecía de cualquier gradiente creciente de densidad edificatoria desde la periferia hacia el centro: ese gradiente que trataba en la entrada Sobre la densidad, y cuyo mejor ejemplo teórico sigue siendo, a mi parecer, el proyecto Arrebato del gran Raymond Hood (ver maqueta y fotomontaje).

Pero mi perfil urbano preferido es sin duda el de Chicago, y no el visto desde el lago Michigan (menos singular) sino el que se encuentra entrando desde el Norte, por la autopista que trae desde Wisconsin (ver foto en La ciudad alta de hombros): desde esa entrada se aprecia con pulcritud ese gradiente creciente de densidad, que culmina en el magnífico edificio Sears, una torre que tiene en sí misma un skyline propio. Sobre este edificio cuenta siempre nuestro socio JaviB que (cuando trabajaba en el Hotel Arts de Barcelona junto al estudio SOM) oyó decir a Bruce Graham (autor del proyecto) que esa silueta se le había ocurrido... ¡sacando los cigarrillos a golpes de una cajetilla de tabaco!

Francisco Alonso, profesor en la EtsaM, solía repetir que de las entradas a Madrid la única que podía escapar de la silueta plana de poblachón manchego era la de la A6, carretera de La Coruña; torpes o no, símbolo de una época de especulación que no volverá, a estas 4 torres al menos hay que reconocerles el mérito de haber creado una nueva silueta desde las entradas del Norte y del Este, hasta entonces inexistente, y que un año después sigamos hablando de ellas.


Perfil urbano del Norte de Madrid, visto desde la entrada de la N1 (Foto AM, invierno 08.09)
 

Paramos    Imprimir

Miercoles 24 de Diciembre de 2008
Publicado en: Sobre el oficio

(Continuación a De guardia)

Paramos por Navidad una semana, casi una semana y media.

Yo tomo vacaciones desde hoy hasta el lunes 5 de Enero; JaviB probablemente haga lo mismo, también MaríaT; BrunaP y MontseL siguen disfrutando de sus bajas maternales respectivas; CarlosC, en cambio, se queda de guardia para avanzar en el proyecto que ahora está en proceso, en el que siguen colaborando (aunque en ubicación remota) EdgarS y FerránB.

El último cuatrimestre del año (tan fecundo en cataclismos a todas las escalas) ha sido para nosotros, en cambio, el del punto de inflexión respecto a un ejercicio difícil que había comenzado en Verano07: por fin estamos redactando un proyecto de ejecución de un "Espacio público en la azotea de un edificio de vivienda" (una vieja aspiración de este estudio), y las perspectivas son al menos halagüeñas para el año que empieza en varios frentes (reactivación de obras paralizadas, novedades en trabajos de diseño urbano y también de paisaje): tarde o temprano debían comenzar a aflorar los frutos de la intensa labor comercial que hemos desarrollado durante tanto tiempo.

Mandamos un fuerte abrazo, y deseamos una buena entrada en el nuevo año, a todos los que tienen a bien pasar por aquí: compañeros arquitectos, quizás alumnos, quien sabe si clientes; una mención especial para los queridos amigos bloggers, sin los cuales este sitio no podría haber crecido hasta lo que ahora es y de forma sostenida (siguiendo el lema de esta casa -Festina Lente, apresúrate despacio-): un abrazo especialmente afectuoso para vosotros ;D

A todos, deciros que el buzón de reclamaciones/sugerencias/preguntas de la sección Contacto no se va de vacaciones, y atenderá todo lo que le queráis comentar. Auguri e in boca dil luppo.


Configuración de la 4ª planta de la Fonda Rius, en los días previos a Navidad 08.09 (Croquis: Am)
 

Cuatro árboles y una buganvilla    Imprimir

Miercoles 3 de Diciembre de 2008
Publicado en: Sobre el oficio

¿A quién sorprende lo que está pasando en España? No somos una potencia mundial en investigación, ni industrial, ni alimentaria, y somos profundamente dependientes en cuestiones energéticas. ¿Cuál es, entonces, nuestro potencial para el mundo globalizado? Lo es la cultura, pero el camino por recorrer para ganar influencia es aún largo; lo era el territorio, el singularísimo paisaje y clima... pero nos hemos dedicado, sistemáticamente y durante unos 20 años, a deteriorarlo. Teníamos el paraíso (ese concepto etéreo que entendemos tan mal sobre nosotros mismos pero los extranjeros tan bien) y hemos estado a punto de perderlo.

No es tarde, ni la situación irreversible; una parte importante del daño está hecho, pero un giro copernicano en las políticas territoriales deberá reconducir la situación. Por suerte (y es ésta la única cosa buena que ha traído) la recesión económica ha conseguido paralizar en unos meses un modelo territorial y urbano que estaba condenado a la autodestrucción; es difícil que vuelva a ser igual, ¿no es ahora entonces el momento de repensar cómo encauzarlo hacia un modelo más ortodoxo, sin por ello perder su potencial económico? Como bien recuerda siempre José Fariña, "no es viable un crecimiento infinito en un mundo donde los recursos son finitos", y el paisaje es uno de estos (recursos finitos).


Árbol 1: Naranjo (Citrus x sinensis) en Misent, Valencia

Testigos mudos de esta vorágine han sido nuestros árboles: siendo sus tiempos y ritmos la antítesis del que hemos llevado nosotros, aportan por ello un humilde testimonio en el que poder anclarnos para un nuevo punto de partida. He aquí la historia de cuatro de ellos.

“(...) en ese tramo en que la carretera se levanta sobre los campos y, a través de la ventanilla, se contempla toda la llanura que se extiende entre las montañas, de perfil violento, y el mar; al ver los huertos abandonados, los naranjos con las ramas secas y retorcidas como las cabelleras de esos cadaveres desenterrados que aparecen en los libros de historia contemporánea, momias de monja que los anarquistas exhumaron en los asaltos a los conventos durante la revolución española, sólo algunas hojas amarillentas pegadas a las ramas; los huertos baldíos, los troncos de los frutales cortados y amontonados para quemas, las acequias secas, en las que en vez de correr el agua corren plásticos y papeles llevados de acá para allá por el viento de poniente, escombreras, sacos de cemento seco, somieres agujereados, colchones sucios, tazas de retrete rotas, lavabos hendidos; vertidos que, en las noticias de los periódicos, se definen como incontrolados en los alrededores de una ciudad que crece como una constelación de tumores, metástasis que se multiplican, que engordan hasta juntarse unas con otras y formar ramificaciones que ocupan decenas de kilómetros; mitomas, arborescencias nerviosas, esperándose, compactándose cada vez más (...)". Así relata el destino de la huerta valenciana Rafael Chirbes, en su novela Crematorio (Anagrama, Barcelona 2007) (P. 94, los subrayados son míos).

El narrador de Crematorio es un arquitecto, pero no de los que salen vestidos de negro en El País Semanal, sino de los que bebieron mientras pudieron de la gallina de oro de la destrucción del litoral. En un giro casi irónico, Chirbes pone en boca de este promotor-arquitecto sin demasiados escrúpulos el lamento por la pérdida de esa arcadia, ese regalo de los dioses, esa banda de tierra privilegiada donde él ubica el figurado Misent, un lugar que no es difícil identificar como el llano que va de Beniarbeig (donde vive el autor) hasta Denia, en la Marina Alta de Alicante. Una tierra que...

“(...) te permite mentirte a ti mismo (...), aún me da trocitos de paraíso (...) cuando estoy en el mar, cuando estoy bajo la pérgola, o cuando, durante la vendimia, huelo ese aroma meloso del moscatel; me los da ahora, que acabo de darme un paseo por todos estos naranjos en flor, el olor que te embriaga, que te marea, y la luz dorándolo todo, y el cielo limpio con que nos obsequian las tardes de invierno aquí, a orillas del Mediterráneo, en el paralelo perfecto, la luz de aquí no es ni la luz de fotografía quemada que encuentras al sur, luz más bien africana; ni esa excesivamente fría, europea, que hay del Ebro para arriba (...) No lo busques fuera: el paraíso lo tienes aquí (...)” (Crematorio, p. 220).

La historia de este Naranjo te puede conducir también a otros sitios:
. Crematorio, de Rafael Chirbes (post-reseña en el Blog de Enrique Ortiz)
. Tipología Vs. tecnología (línea de investigación del Estudio)
. Paisaje rural y paisaje cultural (post del blog de José Fariña)


Árbol 2: Azufaifo (Zizyphus) en San Gervasio, Barcelona

Terminé de leer hace unos días La plaza del azufaifo, libro de la escritora y vecina de San Gervasio (Barcelona) Isabel Núñez (IN). La plaza... recoge extractos del blog de Isabel que relatan la lucha (que ella inició) de un grupo de vecinos por salvar de las excavadoras un ejemplar de Azufaifo, árbol singular y originario de la china, siendo éste al parecer (el de la calle Arimón 7) un ejemplar único en nuestro país.

El caso tuvo amplia repercusión mediática en Barcelona hace algo más de un año, y el movimiento vecinal causó una presión tal al Ayuntamiento que finalmente decidió hacer una permuta a los promotores dueños del solar donde se ubicaba el árbol para en él conservar un espacio público dedicado a tan especial árbol.

La historia del Azufaifo de San Gervasio es relevante por dos cuestiones: la primera, porque muestra el hastío de los vecinos sobre la destrucción sistemática (a favor de los intereses corporativos privados) de los ecosistemas (naturales y sociológicos) de barrio (naturales y sociales); eso tan singular de esta ciudad, y una de las razones por las cuales (al parecer) vienen a visitarnos los foráneos.

La segunda, porque muestra abiertamente la paradoja sobre a quién pertenece realmente el patrimonio verde que se ubica en suelo privado. Está claro que legalmente... a su dueño, pero ¿y emocionalmente? ¿y ambientalmente? ¿no pertenece también a los vecinos? Como bien observa Oriol Bohigas en una reseña que aporta IN en el libro, su destrucción es fruto de una normativa anticuada e ignorante que sólo tiene en cuenta a la calle, su cono de luz y necesidades de ventilación... ¿Y detrás? Detrás, en el patio de manzana, todo vale, desde las talas indiscriminadas a las nuevas soluciones de solados que son siempre (y no falla) impermeables al 100%.

Sin embargo, era este detrás, formado siempre de una conjunción de pequeños jardines privados, el patrimonio ambiental realmente singular de esta ciudad: una ciudad donde (como explica Isabel: porque estamos en el mediterráneo) los árboles de la vía pública nunca consiguieron (ni conseguirán) el porte ni el frescor de los de las grandes ciudades europeas, pero con estos patios donde crecían, en una cierta confusión algo habanera, unas especies semi-tropicales... Patios de vecindario que constituían hasta hace muy poco el refugio de la agresión de la calle.

La historia del azufaifo puedes seguirla en:
. La plaza del azufaifo (ficha del libro en la Editorial Melusina)
. Crucigrama (El blog de Isabel Núñez)
. Miss Guisante (Flickr de Jùlia Solans)


Árbol 3: Acacia de flor blanca (Robinia pseudoacacia) en Daoiz y Velarde, Madrid

"No todos los arquitectos somos arboricidas": es difícil convencer de esto a la gente (lo intenté con IN, pero creo que no lo logré); pero es cierto, y no sólo no los odiamos, sino que los adoramos... y los consideramos además como muy valiosas herramientas de proyecto.

En nuestro equipo, al menos, tenemos la conciencia tranquila: a ello nos ayuda la plantación que hicimos de 134 ejemplares maduros de Acacia de flor blanca en Daoiz y Velarde (Madrid), y el posterior y sostenido éxito de este espacio entre los vecinos en todas las estaciones del año (¿qué mejor premio cabe imaginar que esto?).

Viene la historia de esta singular pseudoacacia a colación a raíz de otra polémica barcelonesa sobre el verde, esta vez absolutamente reciente: el desencanto de los ciudadanos tras la apertura de la urbanización de superficie de la eternamente malograda plaza de Lesseps. Y ¡eso que el proyecto fue pactado con ellos en un largo proceso participativo!

No dudo de la demostrada capacidad de Albert Viaplana de crear espacios urbanos sugerentes, y bellos objetos escultóricos; en cambio, nunca entendí bien la línea de las plazas duras que él inauguró hace tiempo delante de la estación de Sants, y estoy en abierto desacuerdo con su afirmación sobre que el verde debe esperar: la hacía hace unos días, y a raíz de esta polémica, en una entrevista a la prensa, donde remitía a los vecinos a tener paciencia y esperar a que los árboles crecieran... que estaría la cosa en condiciones... ¡dentro de 10 años! Pobres, alguno de ellos contestaban (con razón) que entre los 20 años que lleva el lugar en obras y esos 10 adicionales, no le daría la edad para disfrutar de un espacio urbano en condiciones bajo su balcón.

Pero no: el verde NO debe esperar, porque se pueden diseñar y construir espacios libres arbolados que sean frondosos y se puedan disfrutar desde el momento de su inauguración; como aquella de la normativa de gálibo que sólo se fijaba en la calle, esta teoría (tan nuestra) no sólo no es cierta, sino que existen desde hace mucho tiempo las soluciones (en los viveros, en los sistemas de drenaje e impermeabilización, etc.) para evitar que haya que esperar a que el verde crezca.

Evidentemente, los árboles (más aún si están contentos) van creciendo, y el espacio mejorando: por ello las fotos de Daoiz colgadas en nuestra web no hacer del todo justicia a lo que es ese lugar ahora, aunque sí muestran el porte que lucieron tras su plantación. Conseguirlo (está claro) no es ni barato ni fácil, tampoco exento de sobresaltos de todo tipo: las 134 Acacias de flor blanca lograron sobrevivir a un viaje de 2.000 km. desde Holanda, a un acopio de varios meses al aire libre entrando en una primavera madrileña inusualmente prematura, a nuestra inseguridad e inexperiencia en muchas cosas, y también al peor atentado de la historia de España que ocurrió justo delante de ellas, cuando los parterres sobre los que estaban a punto de ser plantadas se convirtieron de improviso en un inmenso hospital de campaña; lograron también zafarse de la inoportuna carga simbólica que algún político municipal pretendía adjudicarles como "bosque del silencio" (o de los recuerdos): por suerte (para ellas) su número (134) resultó estar bien lejos de la tremenda cifra total de víctimas del atentado.

Las acacias de flor blanca pueden llevarte a que te interese también esto:
. El verde llegará (entrevista a Albert Viaplana en El País, Edición Cataluña).
. Espacios libres de Daoiz y Velarde (Ficha de la obra en la web)
. Restauración de los pasillos intersticiales como paseos arbolados (Foto de las acacias de flor blanca poco después de su plantación)
. Jardín sobre un garaje en un patio de manzana (otra obra con árboles)


Árbol 4: Árbol del amor (Cercis siliquastrum) en San Gervasio, Barcelona

Un alumno comentaba el otro día que, en el diseño de su barrio residencial, "apartaba el colegio a una esquina y colocaba una pantalla acústica a su alrededor para que no supusiera un foco de contaminación acústica para los vecinos"; su preocupación era razonable, pero... que todos los problemas de ruido en la ciudad sean como los que provocan los colegios en las horas de patio.

En el patio del colegio, bajo la ventana de casa, crece un hermoso Árbol del amor. Les da sombra a sus juegos en los meses de calor, lo ven desde las aulas, también lo vemos florecer (es de los primeros que lo hacen en primavera, tras los almendros) cada año desde el balcón. Sí, es propiedad privada y ajena, pero ¿no es un poco también de todos los que estamos alrededor? ¿No lo es también el monumental ejemplar de plátano que le precede y que crece feliz, cubriendo ya con su bóveda la calle, gracias al generoso patio con suelo permeable de un edificio municipal? ¿Qué sería de este rincón privilegiado del barrio si alguien (algún día) talara alguno de estos dos hermosos ejemplares?

Deseamos que la nueva ciudad (y en ello insistimos siempre todos los profesores en los talleres de Urbanismo) tenga el grado de compacidad y la vida de los barrios "de toda la vida" que nos gustan: pretendemos re-definir un nuevo índice de densidad, un tejido compacto y esponjado a la vez... En este propósito son precisamente estos pequeños oasis exóticos que forman los jardines interiores los que permiten cumplir con una necesaria re-naturalización de la ciudad.

El Árbol del amor (junto otras ventajas que aporta la vegetación ajena como prolongación exterior de la casa) lo puedes ver aquí:
. Primavera en San Gervasio (2) (post en el blog)
. ¿Y detrás? Está la casa... (post en el blog)


... Y la buganvilla

Al comienzo de un verano, la pequeña torre entre medianeras que cerraba el patio de manzana por su lado norte vivió un acontecimiento singular: una macro-fiesta-destroy, de una escala desconocida respecto a las anteriores a que nos tenían acostumbrados sus inquilinos Erasmus.

Este hecho simpático y aparentemente inocuo fue el prólogo de algo mucho más grave que vendría poco después: el edificio en cuestión debió de tener la mala suerte de no llegar a ser catalogado (y debió de ser por los pelos, pues era un edificio delicioso) como patrimonio modernista a conservar; una mañana aparecieron unos tipos robustos que empezaron a demoler, con la misma saña que sistematismo, el pequeño chalet de dos plantas. Tras él cayó enseguida su minúsculo jardín, con sus árboles y arbustos de especies para mí hasta entonces desconocidas, y también la hermosa buganvilla que florecía en primavera y cubría toda su fachada sur, dando a nuestras habitaciones norte un reflejo especular y no directo del paso de las estaciones.

Al edificio le sustituye hoy una vulgar construcción de ladrillo visto veteado, que apura, con sus cinco plantas, la altura edificable que debía permitir la ya de por sí estrecha calle; al patio, la losa de la cubierta del garaje, revestida con un gres sintético e impermeable... sobre ella se acumula material y maquinaria de obras que se va pudriendo con la lluvia y el frío: hace un año, la obra se paró una mañana y todo se quedó allí congelado, a medio hacer, sin que nadie haya vuelto a aparecer. Todo apunta a que se trata de una más entre las múltiples suspensiones de pagos del sector: vaya, son los riesgos que comporta el haber querido alimentarse sine die de lo que resultó ser una ficción.

¿Desde dónde se veía la buganvilla? Desde aquí:
. Yo vivo solamente de los intersticios (post del blog)

(La ilustración es la portada del libro: Vicat Cole, Rex. "The artistic anatomy of trees". Dover Publications, NY 1965)

(Sigue en Parques agrarios metropolitanos)


Vicat, Rex: "The artistic anatomy of trees" (portada)